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Arte e Ideas

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Los negros o escritores fantasmas

Hace un año, por estas mismas fechas, me invitaron a un Encuentro de Editores Independientes en una ciudad del interior de la República.

Hace un año, por estas mismas fechas, me invitaron a un Encuentro de Editores Independientes en una ciudad del interior de la República. Ahí, desayunando en el hotel con una editora que acababa de conocer, a mitad de la conversación le pregunté:

¿Y qué vas a publicar próximamente?

Una antología de (aquí me dijo el nombre de un poeta desconocido), quien le escribía los libros a Octavio Paz.

Como pensé que bromeaba, dije:

¿Y ya le compraste los derechos de autor a Marie Joe (viuda de Octavio Paz)?

No, hombre, se trata de un libro de poesía inédito de (aquí repitió el nombre del poeta desconocido), que me dio acceso a su archivo personal para editar lo que más me gustara.

¿Y va a salir firmado por (aquí mencioné el nombre del poeta desconocido) o como obra póstuma de don Octavio? inquirí francamente divertido.

Con su nombre (el del poeta desconocido), por supuesto.

¿No sería mejor mantener la tradición y que saliera firmado por Paz?

En ese momento mi nueva ex amiga y colega, tal vez pensando que no la tomaba en serio, prefirió dar un giro a la charla.

Y tú, ¿qué estás haciendo?

Pero como yo ya me había enganchado con el tema, respondí:

Un libro en el que cuento cómo escribí Cien años de soledad.

¡No me digas que fuiste el negro de García Márquez! abrió los ojos con una candidez que daba ternura.

Prefiero el título de escritor fantasma.

No te creo.

¿Qué cosa?

Que hayas sido el negro de Gabo.

No veo por qué si siempre hay una eminencia gris detrás del trono: ahí tienes, por ejemplo, a Córdoba Montoya con respecto a Salinas de Gortari, o al propio Salinas de Gortari con respecto a Peña Nieto.

No te creo y, además, no me gusta hablar de política.

Si no estamos hablando de política, sino de la mejor poesía y prosa del siglo XX.

Pues será contestó molesta y pidió su cuenta al mesero.

Permíteme invitarte dije sonriente para añadir : y te cuento cómo también fue idea mía que Gabo inventara que había nacido en Aracataca, Colombia, y...

La editora, sin embargo, me dejó hablando solo, alejándose rápidamente de mi vista y, en lo que restaba del Encuentro, no me volvió a dirigir la palabra.

Tal anécdota la recordé hace días gracias al plagio que el escritor o copista Arturo Pérez-Reverte llevó a cabo con una historia de la escritora mexicana Verónica Murguía, sainete en el que el español (firmante, por cierto, de varios best sellers como La reina del Sur) le cargó el perro tuerto (de eso trata la falsificación) a Sealtiel Alatriste, de quien dijo fue el que le contó la fábula.

Entonces, aquí la pregunta es: ¿en realidad existen los escritores fantasmas? Sí, pero como trabajan por encargo y sin firmar sus obras, les da lo mismo plagiar lo que sea y como sea, al fin que, de descubrirse el robo, por lo general ello no va en su descrédito, sino del contratista. Pérez-Reverte, en tanto autor menor, pese a que vende mucho, se puede dar el lujo de contratar a uno o varios negros, pero Paz y García Márquez...

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