La contaminación lumínica es un fenómeno derivado de la Revolución Industrial que detonó en la instalación masiva de alumbrado público. Con ello, el derecho a los cielos oscuros se fue perdiendo sin control, por lo que hoy es un fenómeno difícil de obtener principalmente en las grandes urbes.

La oscuridad es un recurso natural innegable y la promoción de reglamentos que mitiguen los efectos de la contaminación lumínica se hacen imprescindibles.

Hoy México en este aspecto ha ganado una batalla importante, pues el pasado 26 de abril fue aprobada en la Cámara de Diputados una reforma a nivel federal en materia de contaminación lumínica: la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.

Con esta reforma se espera que en un lapso de 10 años, todos los municipios del país hayan hecho un cambio de las luminarias tradicionales a las de luz led, reduciendo hasta 80% el gasto energético del país, así como una disminución de la contaminación lumínica por la colocación de nuevas luminarias.

A nivel nacional, sólo el municipio de Ensenada, Baja California, tenía una ley para proteger el derecho a los cielos oscuros, la llamada Ley del Cielo fue una propuesta para cuidar la oscuridad de los cielos de este estado, donde es posible ver estrellas y fenómenos cósmicos con gran nitidez. Ahí también se ubica el punto más alto de la península, el Parque Nacional de la Sierra de San Pedro Mártir, y el Observatorio Astronómico Nacional, por lo que la apuesta de conservar uno de los puntos más oscuros del planeta era indispensable.

Estas condiciones naturales de cielo oscuro han requerido de la protección legal para su conservación, ejemplos de legislaciones las podemos encontrar en Chile, las Islas Canarias, Hawai o Arizona. El éxito que han tenido estas leyes ha ido más allá de la preservación de la oscuridad nocturna; además, ha sido una excelente herramienta para reducir el consumo de energía dedicado al alumbrado exterior.

Sin embargo, la defensa no implica únicamente un discurso astronómico. Perder cada vez más nuestros cielos oscuros también implica problemáticas sociales. Las principales causas de una iluminación inadecuada son el uso de lámparas de una potencia mayor a la necesaria y la instalación incorrecta de luminarias que permiten que el haz de luz no esté bien dirigido al suelo y escape por arriba del horizonte afectando su entorno.

Las repercusiones físicas y psicológicas en las personas, la disrupción en los ciclos circadianos de animales, insectos y plantas, el desperdicio energético y la fuga económica que eso implica, así como los inconvenientes que tiene en la investigación astronómica, son problemas generados por el exceso de iluminación, explicó el astrofísico José Franco.

“El camino no fue fácil ni sencillo”, aseguró la diputada Tania Victoria Arguijo Herrera, promovente y secretaria de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados. El proceso duró aproximadamente dos años y requirió la insistencia constante de su equipo para que los legisladores votaran para elaborar un dictamen a favor.

“Ya tenemos 10% en toda la República Mexicana donde algunos municipios ya hicieron eso sin ley. Tenemos que dar el siguiente paso, un paso no solamente a una era tecnológica sino amigable con el ambiente y hay municipios muy bien asesorados que no solamente han cambiado las luminarias sino que las están abasteciendo con pequeñas celdas solares”, explicó la diputada a través del Foro Consultivo Científico y Tecnológico.

nelly.toche@eleconomista.mx