Por Claudia Larios Padilla

En 1984, el australiano David John Oates anunció el descubrimiento de lo que llamó “un séptimo sentido” que revolucionaría el estudio de la mente: un lenguaje oculto “incrustado” en los sonidos del habla cotidiana, generado de manera inconsciente y sólo detectable al reproducir en reversa una grabación de voz.

Según su hipótesis, el proceso de comunicación oral es doble: a medida en que el cerebro humano va construyendo los sonidos del lenguaje se crean dos mensajes simultáneos: uno hacia adelante, desde la mente consciente, y otro al revés, proveniente del subconsciente. “Entre la algarabía sin sentido”, dice Oates, “pueden escucharse a intervalos regulares frases gramaticalmente correctas que dejan entrever no sólo lo que sucede en el inconsciente de las personas, sino que actúan como un infalible detector de mentiras: si el hablante miente en su discurso cotidiano, en la comunicación ‘escondida’ dirá la verdad”.

Voces del inconsciente

Oates sostenía que el lenguaje inverso proviene del hemisferio derecho del cerebro y que puede usarse como una herramienta terapéutica para el análisis psicológico, la selección de empleados, el análisis de los testimonios dados bajo juramento e incluso el discurso de personajes. A la fecha, él mismo “estudia” las declaraciones de figuras como Neil Armstrong, O. J. Simpson, Donald Trump o Bill Clinton, cuyo discurso inaugural “revela”, supuestamente, la frase “estás despedido” dirigida a George Bush. En otro de sus discursos —ofrecido después de su reelección— el mensaje oculto es: “el mundo vendrá a condenarte”, frase que, según Oates, predijo un futuro oscuro para su presidencia.

Debido a la falta de evidencia, esta hipótesis ha sido calificada como pseudociencia tanto por los lingüistas como por los científicos, pues en todos los experimentos realizados, Oates ha indicado a los participantes las frases que pueden distinguir al escuchar las grabaciones, predisponiéndolos —gracias a la afinidad del cerebro humano por la pareidolia— a encontrar patrones entre el galimatías sin sentido.

Backmasking y la cultura pop

Al hablar de los orígenes de su hipótesis, Oates menciona que la idea le vino a la mente al escuchar acerca del backmasking, una técnica sonora surgida a mediados del siglo XX que consiste en grabar sonidos a la inversa en una pista musical que está planeada para ser tocada hacia adelante.

Aunque su uso en la música comenzó a finales de la década de 1950, su entrada en la cultura pop se debió a The Beatles, quienes popularizaron esta técnica al experimentar en canciones como “Tomorrow Never Knows”, “I’m Only Sleeping” y “Rain” de su álbum Revolver (1966). Después, artistas como Frank Zappa, Pink Floyd, Roger Waters y Madonna usaron el backmasking con fines artísticos, satíricos, para evitar la censura o hacer declaraciones sociales.

En las décadas de los 80 y los 90 los cristianos fundamentalistas hicieron particularmente populares las leyendas urbanas de su uso en el rock con propósitos satánicos. Uno de los ejemplos más sonados fue el de Led Zeppelin con su canción “Stairway to Heaven”, donde, aseguraban, se ocultan loas a Satán.

Lo cierto es que esta práctica musical ha sido usada frecuentemente por músicos de heavy metal —con frecuencia etiquetados como satánicos; la banda Slayer, por ejemplo, grabó en su álbum Hell Awaits una serie de mensajes que sólo son entendibles al escuchar las canciones al revés; entre ellos se repite constante la palabra en inglés “únetenos”, supuestamente invitando a la audiencia a unirse a las prácticas satánicas.

La leyenda urbana más famosa del backmasking inició en 1969, cuando Russ Gibb, el locutor de la estación de radio de Detroit WKNR-FM, recibió una llamada durante su programa donde se aseguraban que la canción “Revolution 9” escondía mensajes sobre la muerte de Paul McCartney —un rumor extremadamente popular en la época—; al tocarla hacia atrás, el locutor creyó oír la frase “Turn me on, dead man” —“Enciéndeme, hombre muerto”—, entre varias más.

Hablar al revés, una forma de diferenciarse de la mayoría

Contrario al lenguaje inverso que, supuestamente, se da de forma espontánea y el backmasking —técnica artificial—, existen otras formas premeditadas de hablar al revés; entre ellas se distingue el lenguaje artificial vesre —también llamado verres— y el verlan, en el francés.

El vesre —cuyo nombre proviene de la palabra revés— consiste en alterar el orden de las sílabas de las palabras para crear, según dice el escritor argentino Eduardo Pérsico, un “código entre dos para que no se entere un tercero”. Esta forma de hablar se popularizó en Argentina y Uruguay gracias a los tangos de principios del siglo xx, que lo usaban como una derivación de la jerga lunfardo, conocida como “el dialecto de los ladrones” por su uso común entre delincuentes de clase baja. Pronto, los tangueros como Carlos Gardel lo cantaba:

Con un feca con chele y una ensaimada rematás esta noche de bacanal. “Garufa”

Es decir, “con un café con leche y una ensaimada rematás esta noche de bacanal”.

En España fue menos popular, pero también se usó como un recurso literario. Ya desde 1588 el dramaturgo y actor Lope de Rueda escribía a su personaje Samadel hablando en una lengua inversa para su obra satírica “El Deleitoso”: “Yuta drame a roquido dotos los durbeles” —que quiere decir, “tuya madre ha recorrido todos los burdeles”.

En el francés, el verlan —de à l’envers, al revés, dicho en verlan— es el fenómeno lingüístico equivalente al vesre que surgió en los barrios obreros parisinos en los años 60, popularizándose a finales de los 70. Era —y sigue siendo— utilizado por los jóvenes que buscan diferenciarse del resto de la sociedad y afirmarse como grupo; sin embargo, algunas palabras han pasado a formar parte del vocabulario francés y son comprendidas por todos los hablantes. Por ejemplo, femme —mujer— cambia a meuf, fou —loco— a ouf, fête —fiesta—a teuf, frère —hermano— a reuf, y lourd —pesado— a reulou.

Como puede notarlo, el uso del lenguaje y de las palabras enriquecen nuestra manera de interpretar las cosas, así como de comunicarnos de varias maneras. Ahora bien, si usted quiere comprobarlo, no se puede perder la conferencia “El poder de la palabra”, presentada por María del Pilar Montes de Oca Sicilia, el martes 1 de octubre a las 19:30 horas en el Foro del Tejedor dentro de la Cafebrería El Péndulo, de la colonia Roma.