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Los héroes, la loca y el malvado
El autor da continuidad a sus novelas Los rojos de ultramar y La última hora del último de día.
No, no es necesario haber leído la obra maestra Los rojos de ultramar, ni la muy buena La última hora del último día para comprender y apreciar la recién publicada La fiesta del oso, tercera de la serie de novelas que Jordi Soler ha escrito en torno de la Guerra Civil Española y su consecuente exilio.
Pero, sin duda, convendría hacerlo, ya que se trata de una trilogía apasionante, emotiva y extrañamente diversa, pues cada libro tiene una personalidad propia y casi ajena a los otros dos.
Como se trata más de un magnífico filón literario , como lo denomina el autor, que una historia real de una familia (aunque bastante de realidad tiene) no sería imposible que se agregara una cuarta entrega, pero por lo pronto no hay planes de hacer tal cosa.
Así que la presentación esta noche en México de La fiesta del oso da una magnífica oportunidad para comentar la serie en su conjunto.
Héroes de España y México
El primero de los libros, Los rojos de ultramar (Alfaguara, 2005, 237pp), es la que más trabajo me costó , dice Soler, porque tiene nexos muy claros con la historia de lo que realmente ocurrió.
Esto sobre todo en la primera parte, cuando el joven soldado Arcadi, abuelo de Jordi, tras la deserción de su general, emprende la huída rumbo a Francia con algunos compañeros, pasa un tiempo infernal en un campo de concentración francés y es rescatado por el consulado mexicano.
La segunda parte del libro es más libre, pues en Veracruz Arcadi y sus amigos trabajan animosamente hasta tener una plantación de café, La Portuguesa, desde donde eventualmente organizarán una conjura para asesinar al militar que los sacó de sus tierras, mató a sus seres queridos y les impide regresar, Francisco Franco.
Pero no sólo por su apego a la historia, sino por la cantidad de personajes y la multitud de hilos argumentales que plantea, ésta es novela de mayor complejidad narrativa y también la más lograda desde un punto de vista emotivo.
Loca en la selva veracruzana
La acción de La última hora del último día (RBA 2007, 219pp) es mucho más íntima. Prácticamente encerrada en medio de la selva, la familia de Arcadi (que pasa a ser un personaje secundario, cuando más) es un microcosmos autoabastecido.
El narrador, que regresa a la plantación y recuerda sus experiencias de la infancia, nos va descubriendo los secretos de este mundo en donde la figura central es la loca tía Marianne, que golpea con violencia a su hermana, y madre del niño, cada vez que se desata o no se toma el calmante.
Y en el espacio que comparte la familia, un elefante, un altar religioso a un futbolista y otras excentricidades, Soler teje una magnífica y ácida tragicomedia.
El oso pirineo
Más que una culminación, La fiesta del oso (Random House Mondadori, 157pp) es un cabo suelto que encuentra su lugar en el tejido:
El hermano de Arcadi, Oriol, que herido de una pierna no pudo huir y se quedó en un hospital cerca de la frontera con Francia.
En La Portuguesa inventan una historia para el final de Oriol, aunque nunca descartan la posibilidad de que aquel estudiante de piano se presente un día en Veracruz con su frac en una escapada de la gira de alguna sinfónica por México.
La realidad es muy distinta y bastante horrorosa, como descubre el narrador (que no es exactamente Jordi Soler aunque se le parece mucho).
Más sencilla en estructura y menos ambiciosa, esta novela se sitúa, en lo emotivo, en un extremo opuesto a Los rojos y La última hora. Si en aquellas toda la multitud de personajes se nos hacen entrañables, los pocos que aparecen en La fiesta del oso nos parecen un tanto repulsivos.
El propio narrador se torna frío, desapasionado y busca constantes pretextos racionales para no involucrarse, aunque no le queda más remedio. Esto no la convierte en una novela mala, al contrario, pero es completamente distinta a sus predecesoras.
Lo que no es
En estas novelas no hay una intención moralista ni de dar una lección de historia ni de hacer una especia de revancha , dice Soler.
Sólo hay una intención de contar buenas historias . Y al leerlas no se puede sino estar de acuerdo.