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Llegó el sol negro
La muerte de Chris Cornell sacude a una generación que todavía se creía inmune a la nostalgia.
In disguises no one knows
Hides the face, lies the snake
And the sun is my disgrace.
Black Hole Sun ,
Chris Cornell.
Estaba corriendo cuando?escuché en el radio que Chris Cornell había?muerto. Qué noventero de mi parte: no fue en Twitter ni en Instagram, sino en el viejo?radio, oyendo Mix FM para ?mi mayor desgracia. He envejecido.
Así toda mi generación, los que somos millennials apenitas, nacidos a inicios de los 80. Recuerdo que en mi adolescencia oía el radio de manera compulsiva. Alguna vez escuché decir que los adolescentes de los 90 heredamos el radio de los abuelos porque nuestros padres dedicaban sus horas a la televisión.
Fue en el radio que conocí?a Soundgarden. La primera vez que escuché Spoonman me pareció tan absurda. En los 90 todo mundo cantaba igual, con las vocales abiertas como si los fuera a revisar el otorrinolaringólogo. La letra apenas se entendía. Me encantó.
Soundgarden se volvió parte de mis tardes junto al radio haciendo la tarea. Nirvana era mi banda favorita, Kurt Cobain era mi dolor ya había muerto para entonces y Soundgarden con la voz de Chris Cornell se volvió una especie de héroe sustituto. Sí, suena de lo menos épico, pero así era. Chris era guapo de un modo que nunca lo fue Kurt y verlo en MTV hacía despertar en mi cuerpo de 13 años pensamientos impensables.
Mi canción favorita de Soundgarden es la más quemada: Black Hole Sun : Black hole sun wont you come . ¿Qué era ese sol negro que Chris tanto deseaba? El sol es mi desgracia decía en otra parte de la canción. Tenía sentido para mí, en plena furia adolescente, acosada por una depresión que ni los libros, los videojuegos y el deporte podían eliminar.
Después Soundgarden se deshizo y Chris se fue a hacer cosas en solitario. ¿Por qué? Porque, la verdad, él era la banda. Uno de los mejores frontmen del grunge.
De esa época adoré Cant Change Me : Shes gonna?change the world, but she cant change me . Me pregunto qué pensará su esposa al escuchar de nuevo esa canción. Cuenta la historia que ella fue la última en hablar con Chris y que lo encontró extraño. Era ya un ser de ultratumba. Quizá se tomó una sobredosis de su medicamento contra la ansiedad. Cuando ella pidió ayuda al equipo de seguridad, ya era muy tarde: Chris se había colgado en el baño.
La muerte de Chris Cornell sacude a una generación, mi generación. Somos una banda de inmaduros, unos niñatos que a duras penas saben manejar sus tarjetas de crédito y que todavía nos creemos intocables a pesar de que el futuro no pinta bien para nosotros. Quisiéramos ser más jóvenes, dos o tres años, ser millennials en pleno, no un montón de treintañeros que creen que el amor está en Tinder.
No sé qué gárgolas pendían?de la frente de Chris Cornell. Se mató en pleno éxito de su carrera. Bueno, tal vez debería corregir eso: no eran los 90, pero su carrera seguía sólida. Fue miembro de Audioslave, una banda horrenda pero que le gustaba, sabrán los dioses por qué, a millones de personas.
Mi generación no es la de David Bowie, ni la de Prince. A ellos los veíamos como grandes dioses: lejanos, aunque adorados. No, mi generación todavía se sentía intocable. Hacía muchos años que habíamos perdido a Kurt. ¿Perder a Eddie, a Trent? Impensable. El hilo se corta por lo más delgado, llegó el golpe del lado ciego. ¿Quién esperaba que Chris Cornell muriera? Y menos por mano propia.
Estoy triste. Siempre algo se quiebra cuando muere alguien que admirábamos, alguien que significó algo en nuestra juventud.
Chris Cornell, ojalá encuentres paz en ese sol negro que tanto esperabas.