Taken o como la conocemos en México: Búsqueda implacable es un misterio. Nadie daba un peso por ella y se convirtió en una productiva trilogía de películas que ha ganado millones de dólares.

La última parte de la saga creada por el francés Luc Besson llega a su fin y trae de regreso a Liam Neeson que patea muchos traseros en la tercera entrega.

La historia no es diferente respecto a las dos anteriores; los malos se han metido con el ex agente Bryan Mills y lo peor, otra vez con su familia.

Ahora, todo pasa en Los Ángeles, nada del extranjero y escenarios exóticos, donde Mills pasa sus días jugando golf con sus amigos mientras cuida de su hija que ya tiene pareja y escucha las quejas de su ex mujer contra su marido millonario con quien tiene problemas.

Pero de pronto, un asesinato pone a correr al protagonista mientras que lo persigue el policía Frank Dotzler (Forest Whitaker) presencia que le da un poco de interés a una trilogía gastada. De hecho, Forest pudo haber sido el malvado que le pusiera emoción al asunto y por fin dejar en paz a los rusos, pobres rusos.

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Sí, sobra decirlo, Búsqueda implacable 3 es la clásica gringada con la desgastada fórmula de Hollywood (que en tiempos del Oscar parece ser una pérdida de tiempo ante la gran oferta en los cines) salvo que el espectador quiera ver explosiones espectaculares, dos que tres muertos, muchos balazos persecuciones y al viejito Neeson en acción; pero sobre todo, para gozar al gran Forest Whitaker, quien hasta para comer una dona, como todo policía, es para aplaudirle.

Digo, total, los dos actores Nesson y Whitaker han ganado algún premio importante y en su filmografía hay títulos muy serios y de calidad; así que un rato que vuelen autos, tiren puertas, suelten golpes y se ganen millones de dólares, no es tan malo ¿ o sí?.

vgutierrez@eleconomista.com.mx

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