Como parte de las actividades de Gallery Weekend en la Ciudad de México, que se llevará a cabo del 5 al 8 de septiembre, la galería Le Laboratoire ha terminado ya de preparar lo suyo: UNO, la tercera exposición de Enrique Rosas (Ciudad de México, 1972) en el espacio expositivo, que da constancia de su regreso a la pintura después de más de 20 años.

Es una treintena de piezas detonadas en la psique de Rosas a partir de una serie de exposiciones, conferencias y residencias en distintas ciudades de China, en particular, durante el programa de residencias internacionales del Museo de Arte de Xiaozou, donde sostuvo un encuentro con maestros de la caligrafía y pintura tradicionales.

“Ahí compartieron sus técnicas de una manera casi por ósmosis. Había una destreza en sus movimientos, como una especie de precisión y una actitud ante la pieza casi ritual, bastante ceremoniosa.

“El hecho de que me otorgaran un espacio y material, siendo que yo no iba con el carácter de pintor, me permitió vaciarme y, perdón por lo que voy a decir, mandar un poco a la chingada las expectativas”, explica el artista en la galería, mientras sacude las manos, frente a una serie de piezas de mediano y gran formato que integran la primera de tres series de muestra: Fuego negro, todas ejecutadas en tinta china sobre papel arroz.

Antes de eso, Rosas había destacado por su trabajo como renderista de proyectos arquitectónicos de grandes ambiciones, como el de la Biblioteca Vasconcelos o una propuesta para el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, en cuyo concurso obtuvo el tercer lugar.

Como artista se dedicó a proponer, con instalaciones, las ambivalencias entre lo místico perdurado desde nuestro pasado ancestral, las posibilidades de la tecnología, los patrones, el arte cinético, el constructivismo, el diseño, la computación y el lenguaje cinematográfico, lo cual no es una coincidencia, dado que es el nieto de Enrique Rosas Aragón, pionero del cine mexicano, fundador de Azteca Films, la primera productora en el país, y director de El automóvil gris (1919), una de las películas más célebres del cine mudo nacional.

Hacer fuegos

La serie Fuego negro, la más imponente, está integrada por 13 piezas de trazos convulsos que podrían pasar por caligráficos, violentos, algunos extendidos, otros de ondulaciones más cerradas, a veces con salpicaduras de la tinta, en otras, con indicios de las huellas del artista, como flamas, algunas delgadas, otras como quemas furibundas.

Ocho piezas pequeñas y alargadas han sido llamadas Flumos; son trazos más sutiles y largos que han sido enmarcados para aportar a su elegancia. Otros cuatro, de gran formato, tienen trazos de formas más violentas, con pinceladas más extendidas, como nudos enormes que dicen mucho del movimiento del brazo del artista. Éstos se han instalado sin marco para dotarlos de una influencia de inmersión en el espacio expositivo. La pieza restante, la más pequeña, lleva por nombre “Gong”, está hecha sobre papel algodón y es una sutil nube de trazos con tinta china sobre un círculo dorado, elegante y poderosa.

“En esta serie de trabajos, el camino de conocimiento que elijo es la pintura y la figura que se me revela es la del fuego”, explica Rosas con dejos de misticismo, como queriendo demostrar lo tanto que fue de transformadora la experiencia en el país asiático. “El fuego tiene que ver con la impermanencia”, complementa.

Más adelante, en otra sala se exponen las cinco piezas de Fuego rojo, con trazos todavía más enérgicos en gran formato, ejecutados con movimientos circulares, péndulos, contacto con el propio cuerpo del artista y salpicaduras, a partir de la pintura de grana cochinilla sobre papel algodón, con los colores tintos y escarlatas de un fuego más vívido, con variaciones de tono causadas por la reacción química de la grana cochinilla con el ácido cítrico y el bicarbonato de sodio.

Por último, la serie Fuego azul está integrada por 10 cianotipos en formatos medianos y pequeños, de tonos azules, una antigua técnica fotográfica monocromática.

En este proceso de creación interviene una combinación entre el ferrocianuro de potasio y el citrato de amonio y hierro, mismos que al combinarse crean una solución acuosa que es fotosensible al contacto con la luz ultravioleta.

“La sombra de un objeto actúa como si fuera un negativo. Tracé con el pincel el soporte, lo expuse al sol y le puse negativos de otras piezas”, explica el artista. El resultado, abstracciones de la misma directriz de UNO: una abstracción de la técnica caligráfica china enriquecida con esta sustancia reactiva sobre la que Rosas ha proyectado, con ese método artesanal de la fotografía, otra capa de composiciones cinéticas. Esta última serie es, pues, la superposición de esas más de dos décadas de trabajo con las formas.

UNO, de Enrique Rosas, ya puede mostrarse con cita previa en Le Laboratoire, Vicente Suárez 69, Condesa. La apertura oficial se llevará a cabo el 6 de septiembre, en el inicio de Gallery Weekend.

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