“La violencia está romantizada en la educación artística y así ha sido durante mucho tiempo. Te hacen ver que la danza es sufrir a la fuerza. Está tan normalizada que sientes que no puedes decir nada: tus inconformidades, cómo te sientes, porque no te van a escuchar (...) me molesta tener que llegar a mis clases a la defensiva, tener que tolerar que los profesores vean a mis compañeras como las ven. Nos quieren manipular para hacernos ver (a profesores y alumnos) como iguales y justificar sus abusos diciendo que todos somos adultos”.

Es parte del testimonio de una alumna de la Academia de la Danza Mexicana (ADM), que forma parte del bloque estudiantil que entró en paro en febrero pasado para expresar un “ya basta” a la desatención ante una serie de casos acumulados de acoso sexual, hostigamiento, violencia psicológica y de género al interior de la escuela dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

Este jueves, el Día Internacional de la Danza es, más que una celebración, una nueva oportunidad para oponerse públicamente a un sistema pedagógico artístico que ha proliferado por décadas. Para ello, alumnas y alumnos de la ADM realizarán frente al Palacio de Bellas Artes un segundo performance a manera de manifestación.

Aguardan por un diálogo con la Subdirección General de Educación e Investigación Artísticas del INBAL, esperando se atiendan las múltiples denuncias presentadas por distintas razones contra varios —al menos seis— profesores de la institución. Asimismo, han hecho llegar al instituto un pliego petitorio que exige un cambio radical en los procesos institucionales, pedagógicos, gremiales, de idiosincrasia y legitimación de poder que se han normalizado al interior de instituciones educativas de artes escénicas como la suya.

Las alumnas de distintos grados de la ADM reflexionan para este diario de manera confidencial sobre la proliferación como una norma de la agresión verbal, psicológica, la transgresión del espacio vital, el hostigamiento y la competencia malsana como parte de la pedagogía escénica, misma que urgen reconfigurar.

“Este movimiento, lo que está sucediendo ahora, nunca antes había pasado en una institución del INBAL que, por tradición, había sido autoritaria. Si nosotras antes alzábamos la voz no teníamos el apoyo de la mayoría de nuestros compañeros, porque estábamos más preocupados por sobrevivir dentro del ambiente escolar que por defender nuestros derechos”, apunta una de las voceras.

Culto exacerbado del físico

No todas son violencias sexuales, explican, pero hay conductas institucionales reiterativas que generan un caldo de cultivo para la perpetuación de esas agresiones más graves.

“Justamente ahora estamos en una crisis dentro de la escuela donde hay muchísima cultura de la gordofobia, al punto de que tienes que estar no sano para acreditar buenas calificaciones. Si haces todo bien, pero te ves un poco más llenita que tus compañeros, tu calificación se va a ver afectada”, complementa.

Otra alumna de un grado distinto indica que “algunas maestras sí les llegan a decir a las compañeras: ‘ve bajando de peso’. Te juzgan mucho por el cuerpo. Me tocó escuchar comentarios en los exámenes de admisión en los que se acercaba un profesor y nos decía: ¿ya vieron a todos estos? No sé cómo se atreven a hacer el examen. Les debería de dar pena. Ese gordito no va a entrar’. Te ponen en una posición muy incómoda. Hay maestros que te dicen: ‘dile a tu compañero que le vaya bajando’. Te hacen sentir culpable con lo que comes, con lo que eres”.

Días atrás, maestros y alumnos de la ADM se reunieron para compartir inquietudes sobre los métodos de la institución. Ahí una bailarina expuso que suele correr un rumor sobre el supuesto abuso sexual de un menor al interior de la institución que, al parecer, terminó dejando los estudios. No hubo información oficial ni medidas al menos de las que se hayan enterado los alumnos, que desmintieran el hecho. Pero es un ejemplo de los anticipos y la bruma con la que se topan las y los aspirantes nada más a su primer paso dentro de la institución.

“Ese es el tipo de cosas de las que si seguimos sin enterarnos van a seguir sucediendo”, estima la vocera. Nada más agrega que una vez que las bailarinas y bailarines cumplen 18 años, los profesores se toman la libertad de transgredir el espacio personal con lujo de autoridad.

El levantamiento de la voz del alumnado de la ADM derivó en la renuncia el fin de semana pasado del director de la institución, Raymundo Torres, que será efectiva a partir del 1 de mayo. Pero este es el inicio de una transformación que, urgen, debe ser mucho más profunda, tanto como lo ha sido el maltrato casi por hábito de los artistas escénicos.

El INBAL busca nuevos directores con perspectiva de género y DDHH

El INBAL informó que en marzo pasado emitió convocatorias públicas para la designación de nuevos directivos en instituciones como la Escuela Nacional de Arte Teatral, el Centro de Investigación Coreográfica y la propia ADM en las que por primera vez se incluyó como requisito aplicar en el programa académico el enfoque de género y derechos humanos.

“El INBAL no solapará a acosadores, ni agresores, como tampoco actuará en confrontación con sus comunidades estudiantiles, aun cuando existan desacuerdos en los procedimientos. La causa es común y el INBAL estará siempre para el acompañamiento de este cambio hacia una vida libre de violencia contra”, anunció la institución.

Algunos puntos del pliego petitorio que el INBAL está en procesando:

  • Reconocimiento de la legitimidad del paro estudiantil.
  • Destitución del director de la ADM, Raymundo Torres.
  • Separación del cargo o bien destitución e inhabilitación de seis profesores por razones distintas como hostigamiento sexual, abuso de poder, violencia psicológica y discriminación por razón de preferencias sexuales.
  • Capacitación permanente a directivos, docentes y otros trabajadores de la ADM en perspectiva de género y pedagogías no violentas.
  • Impartición obligatoria de una materia de teorías de género como mecanismo de prevención y erradicación de la violencia.
  • Instrumentos para la evaluación del personal docente y administrativo.
  • Sesiones de retroalimentación académica hacia el alumnado.
  • Transparencia en la contratación de docentes y un proceso de cambio de dirección con perspectiva de género.
  • Mejora al Protocolo de Atención de Casos de Violencia Sexual en las Escuelas del INBAL.
  • Creación o mejora del departamento de nutrición “con especialistas libres de perspectivas gordofóbicas”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx