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La venganza de los personajes: matar a su autor
"Agenda del suicidio" del joven escritor mexicano Pablo Raphael narra las muertes autoinflingidas de escritores famosos.

Hasta para morirse hay que ser originales. No lo son tanto los rockeros: se mueren a los 27 años; unos con pastillas y otros con armas de fuego. Entonces, quién si no los escritores (de gran imaginación), podían darle más sabor a la vida con una acción final, sutil y poderosa.
El pasado 26 de marzo se cumplieron 42 años de que el escritor John Kennedy Toole, entonces de 31 y en medio de una crisis de paranoia y depresión (causada, entre otras cosas, por el rechazo de un editor), colocó un extremo de una manguera en el tubo de escape de su auto, introdujo el otro por la ventana semicerrada del conductor y giró la llave de contacto para darle a sus pulmones un festín de monóxido de carbono.
"Si tuviera que escoger un suicida sería J. K. Toole. La historia de cómo se publicó La conjura de los necios lo convierte en un suicida inmejorable", comenta el joven escritor mexicano Pablo Raphael (1970), quien el jueves pasado presentó su libro Agenda del suicidio (Tumbona, 2011).
Agenda del suicidio es un inventario ficticio de los suicidas literarios. Desde Virginia Woolf y Yukio Mishima, hasta Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Stefan Zweig o Walter Benjamin, entre otros. Al tema Rapahel llegó más bien por casualidad que por deseo. Fue un cuento que escribió sobre Hemingway el que lo hizo advertir que en la muerte autoinfligida de algunos escritores había una veta interesante por explorar.
"Poco a poco me senté a hacer una lista de los escritores que había leído y algunos que no conocía que eran suicidas. Y así entré en un proceso de aprendizaje de su literatura. Leí ya a todos. De algunos me gusta más su historia vital que su literatura. Pero una vez que di con el tema, siempre tuve en mente contar historias redondas, y no hacer un ensayo", dice el escritor.
"Había autores cuya biografía era muy importante y me concentraba alrededor de ella pero en lugar de convertir al escritor en personaje tomaba un personaje de ese autor para que de alguna manera explicara las razones de por qué su autor decidió quitarse la vida. Es una especie de venganza del personaje contra su autor: yo ya fui escrito ahora yo escribo a quien me creó", añade.
aflores@eleconomista.com.mx