Ana Vidú es doctora en Sociología por la prestigiada Universidad de Barcelona,  donde en 2011 se convirtió en la primera víctima en presentar una denuncia de acoso contra un profesor de la institución y con ello, el inicio de una larga lucha contra la revictimización de parte de las autoridades y comunidad universitaria. Fue la primera de 14 víctimas que finalmente rompieron el silencio y detonaron cambios dentro de una universidad que, por el canon, se resistía.

La investigadora catalana fue invitada la semana pasada por el Tecnológico de Monterrey para impartir la ponencia virtual “Acciones para erradicar el acoso y hostigamiento en las universidades”,  junto con Karla Urriola, titular de la Oficina de Género y Comunidad Segura del Tec, que es una de pocas universidades en México que han implementado un protocolo para la prevención y atención de la violencia de género.

En ese contexto y en el preámbulo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Día Naranja, que se celebra este 25 de noviembre, El Economista conversó con ambas académicas  sobre la importancia de la implementación de protocolos y las acciones cotidianas que tienen que detonarse en las instituciones educativas para el combate del acoso sexual.

Ana Vidú reconoce que fue la primera mujer cuyo caso escaló a la vida pública en su universidad, mas no la primera que levantó la voz, pero seguramente fue mancillada por la resistencia de la institución. Comparte que desde 2007 la ley en España obliga a las universidades a tener protocolos de igualdad y contra la violencia de género.

Karla Urriola, por su parte, explica que en nuestro país es a través de la Red Nacional de Instituciones de Educación Superior – Caminos por la Igualdad de Género, de la que forman parte instituciones públicas y privadas, incluyendo al Tec de Monterrey, que se trabaja para promover legislaciones que obliguen a las universidades a implementar protocolos.

“El Tec fue de las primeras seis que tuvieron protocolos y ahora alrededor de 18 universidades lo tienen, pero es un número muy mínimo si consideramos todas las existentes. Aun así, el tener un marco legislativo hace  la diferencia entre tener la voluntad institucional y la obligación. Y no es la panacea, porque se necesita mucho para que las cosas cambien”, asegura.

Vidú argumenta que la clave no es el protocolo sino el compromiso de la comunidad de una institución, el posicionamiento, escuchar la voz de las víctimas. “El apoyo legal ayuda, pero por sí solo no hace nada y, al contrario, si no tienes posicionamiento, por más que tengas un protocolo, las cosas no avanzan. Necesitamos lo legal cuando no está la disposición institucional: en mi caso el rector reconoció en una entrevista que era amigo del profesor acosador y supimos que la decana lo encubría desde 1987, por ejemplo”.

Señalan que es fundamental que las instituciones educativas, la comunidad, identifiquen y desarticulen el entramado de las relaciones de poder, también llamadas “cofradías masculinas” por la antropóloga argentina Rita Segato. Identificarlas es esencial para rastrear el encubrimiento y la omisión de los casos de acoso. Y ese cambio requiere un trabajo a largo plazo, reconoce Urriola: “hay que ir identificando a las personas aliadas”.

Vidú añade que el cambio también se puede dar desde abajo: “una presión que llegue a transformar la institución o cambiar al mismo rector. Si nos esperamos a lograr que los rectores y las decanas se sensibilicen contra el acoso nos vamos a terminar jubilando, pero lo que podemos lograr es una presión social para que queden mal vistos los acosadores. Ahora está saliendo todo a la luz. Las víctimas nos estamos empoderando, los casos están saliendo en los periódicos”.

Medios con rigor

A propósito, la reflexión ética también debe darse desde el ejercicio periodístico, argumentan ambas entrevistadas. Los responsables de los medios deben ser aliados desde el rigor. “Una censura dentro del espacio universitario es echar por la borda la función para la cual fue creada la universidad y lo mismo pensaría en los medios de comunicación”, dice Urriola.

¿Quién es Ana Vidú?

Además de su doctorado en Sociología por la Universidad de Barcelona, Vidú es investigadora postdoctoral en la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto y recientemente obtuvo una beca por la Universidad de Berkeley y Deusto para continuar su investigación sobre redes y mecanismos de solidaridad para responder y prevenir el acoso sexual en las universidades. Ha hecho estancias en Harvard y Stanford y es cofundadora de la Red Solidaria de Víctimas de Violencia de Género en las Universidades, reconocida como “buena práctica” por el Observatorio de Igualdad de la Fundación Mujeres.

La Red Nacional de Instituciones de Educación Superior – Caminos por la Igualdad de Género

Se integra por 52 instituciones universitarias en el país

Su declaratoria se rige ocho ejes fundamentales:

• Legislación

• Igualdad de oportunidades

• Corresponsabilidad familiar

• Estadísticas de género y estudios y diagnósticos con perspectiva de género

• Lenguaje incluyente

• Sensibilización

• Violencia de género y discriminación

• Observatorio