Para quienes desarrollamos alergias graves con los libros de autoayuda , cualquier documento que promete enseñarnos -en cinco fáciles lecciones- cómo alcanzar la felicidad resulta, por lo menos, sospechoso. No obstante, el World Happiness Report (2012) elaborado por la Universidad de Columbia, vale la pena ser leído incluso por las personas más escépticas ante los manuales modernos para evitar la infelicidad.

La semana pasada Luis Miguel González, nuestro director editorial, destacó ya la importancia que el capítulo dedicado a la Salud Mental juega en las estrategias económico-políticas para la construcción y el mantenimiento del bienestar humano.

Pero hay algunas preguntas que todavía no tienen una respuesta simple e inmediata: ¿Qué significa la salud mental en un entorno mundial tan diverso e injusto? ¿Es posible evaluar objetivamente una expresión integral de la salud general que no está sujeta a mediciones clínicas, como en otras áreas de la medicina? ¿Es posible prescindir de la experiencia subjetiva individual cuando nos referimos a la esencia del pensamiento, las emociones y el comportamiento humanos? ¿Necesariamente, la felicidad está ligada a la salud mental o es posible concebir cierta felicidad dentro de la enfermedad mental?

Sabemos que la felicidad depende de la personalidad y ésta, a su vez, de la herencia. Al realizar estudios sobre niveles de felicidad con gemelos idénticos pero criados por separado, comparados con gemelos no idénticos que sí fueron criados dentro de un mismo ambiente familiar, sobresale el hecho de que los gemelos con una carga genética más parecida tuvieron niveles similares de felicidad, mientras que los gemelos más distanciados genéticamente, pero educados en la misma familia, reportaron ser felices de maneras más diferentes.

Uno de los aspectos sobre salud mental que más debieran influir a la hora de hacer políticas nacionales de salud es que cerca de la mitad de todas las personas diagnosticadas como mentalmente enfermas en la adultez ya tenía síntomas psiquiátricos desde la adolescencia. La mitad, con problemas emocionales y la otra mitad, con problemas de conducta.

Cuando se comparan aquellas personas con enfermedad mental en la adolescencia con quienes no presentaban problemas de salud mental en la juventud, destacan algunas desventajas notables como peor salud general, mayores índices delictivos, de desempleo, de bajos salarios, embarazos precoces y bajo rendimiento académico. Está por demás decir que todos estas circunstancias tienden a minar la percepción de las personas mentalmente enfermas sobre la felicidad y, también, la que tiene el resto de la sociedad acerca de la felicidad de quienes no gozan de una buena salud mental.

Las enfermedades mentales en general son sumamente incapacitantes, incluso más que el asma, la hipertensión arterial, la artritis e incluso la diabetes.

Con un tratamiento adecuado, en muchos de los síntomas de las enfermedades mentales se logran buenos resultados o al menos, mejorías significativas.

En general, la prevención y los tratamientos en salud mental no son costosos y sus beneficios pueden reducir el sufrimiento de los pacientes y, al mismo tiempo, mejorar los niveles de felicidad de toda la sociedad.