“A veces nuestros más profundos temores son los que llevamos más cerca del corazón”. Esa es una de las frases más certeras que envuelven con realismo la historia de Drácula, el origen. La precuela del vampiro autorizada por los herederos del escritor Bram Stoker, se adentra en los misterios que preceden a la novela original del Conde Drácula y revelan que en ella hubo mucho más que ficción.

El escritor Bram Stoker fue un niño enfermizo, a quien ningún médico daba pronósticos de sobrevivir. De pronto y de manera misteriosa, una noche fue completamente sanado. Ante la falta de resultados en los tratamientos con sanguijuelas durante la primera etapa de su vida, una misteriosa mujer se encargó de su salud.

“Tengo frío, Nana Ellen. ¿Por qué estás apagando el fuego?

Nana Ellen alzó la mirada hacia mí el más breve instante y acto seguido desapareció”

La figura de su enigmática niñera se mezcla en una narración que une los hilos de realidad y la fantasía, para desembocar en un cruce de caminos con el icónico vampiro. Los autores Drake Stoker, sobrino bisnieto de Bram, y J. D. Baker, revelan los misterios del no muerto desde la perspectiva del novelista irlandés.

Para conseguirlo realizaron una investigación exhaustiva. Revisaron notas del propio Bram Stoker, el manuscrito original de Drácula, el no muerto, y el Makt Mykranna, una versión antigua que es muy diferente a la novela actual. Algunos de estos documentos fueron incluidos en el libro publicado por Grupo Planeta.

Drácula, el origen discurre en dos líneas temporales que avanzan de manera paralela y se encuentran en el climax. El pasado utiliza la narrativa epistolar de la novela original, mientras que el presente lo comunica un narrador ominisciente, que observa como personaje principal a Bram Stoker. Algo del erotismo y el terror original se conservan.

Esta obra disipa parte de la bruma que rodea al monstruo y pone ante una luz clara a personajes como Van Helsing. Aún hay mucho sobre Drácula que se esconde en las tinieblas. Pero hoy su supuesta relación con Vlad Drăculea, el empalador, merma en favor de leyendas como de Dearg-Due y la diabólica escuela de la Escolomancia.

Una pista: con ella, el relato corto de Stoker, El Huesped de Drácula, cobra sentido.