Contrario a lo que pudiera parecer, motivar la conducta del ahorro monetario no necesariamente afecta el comportamiento del consumo de energía en los hogares. Paradójicamente, la información sobre daños ambientales y de salud sí producen un cambio en la población.

Un grupo de investigadores del Instituto de Medio Ambiente y Sustentabilidad de la Universidad de California publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences el estudio Estrategias de incentivos y conservación de la energía .

Cada semana, los investigadores dieron información a los participantes, a unos sobre el ahorro (o su falta) en dinero que estaban haciendo, y a otros sobre la cantidad de contaminantes que correspondían a su consumo de energía, con una nota sobre cómo éstos afectan a la salud de los niños. Estos últimos usaron 8% menos electricidad que quienes recibieron información sobre el ahorro monetario, mismos que resultaron indistinguibles de quienes no recibieron información alguna.

Omar I. Asensio, coautor del estudio, explicó a El Economista que los daños ambientales y de salud pública relacionados con la generación de energía, tales como el cáncer, bronquitis crónica, asma y otras enfermedades, no han sido tradicionalmente el centro de las políticas de conservación de energía; sin embargo, estos resultados podrían ser utilizados por las compañías eléctricas y otras partes interesadas para fomentar la conservación, particularmente donde las estrategias basadas en los precios pueden no ser políticamente factibles ni eficaces.

Cómo se explica el resultado

Los participantes se dieron cuenta de que el ahorro de costes en la conservación de energía es muy poco. En nuestro experimento, por ejemplo, el ahorro para un departamento con dos dormitorios con un consumo medio está entre 5.40 y hasta 6.60 dólares al mes; en otras palabras, si una familia cambiara todo su comportamiento para ser el más ahorrador, la ganancia es de más o menos lo equivalente a una comida rápida o dos litros de leche, nada atractivo , explicó.

En cambio, se estima que el ahorro de energía a través de los cambios tecnológicos y de comportamiento se ven reflejados en 20% de las emisiones producidas en los hogares de EU, donde se llevó a cabo el estudio.

Una estrategia que podría funcionar a nivel mundial

Asensio reconoció que implementar esta medición es complicado: Colaboramos con ingenieros eléctricos de la UCLA que desarrollaron la tecnología de medición de energía que nos permitió observar el consumo de electricidad a muy alta frecuencia .

Explicó que esta tecnología es única y fue instalada en 118 residencias para medir tanto el consumo de energía global, como una serie de aparatos, tales como calefacción, refrigeración, microondas, lavavajillas y la carga del enchufe eléctrico.

La falta de datos en la medición de energía de los hogares y las empresas de Estados Unidos ha sido un verdadero problema, pues no se tiene la información para comprender el comportamiento del consumidor. El estudio actual nos permite observar el comportamiento en tiempo real a muy alta frecuencia (cada 30 segundos), con lo que se logró una enorme cantidad de datos para analizar , expuso.

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