La Academia Sueca dio a conocer que el Premio Nobel de Física es para Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez por sus descubrimientos en torno a los agujeros negros.

“Es sorprendente que la academia finalmente reconozca a los agujeros negros porque había sido un ente extraño que desde que se propuso matemáticamente a principios del siglo XX, en 1916 por el Alemán Karl Schwarzschild no tenía mucho sentido físico, por esta naturaleza extraña donde ni siquiera la luz puede salir de él, pero que es una singularidad del espacio-tiempo”, dijo Fabián Rosales Ortega, doctor en astronomía  e investigador titular del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE).

De hecho el mismo Einstein dudaba de su existencia, aunque su propia teoría de la relatividad de alguna manera los predecía, no fue hasta últimas fechas que gracias al trabajo del alemán Reinhard Genzel y la estadounidense Andrea Ghez que ya en una forma observacional se pudieron detectar de manera indirecta (porque no se pueden ver) la presencia de un cuerpo muy masivo en una región muy pequeña del espacio y la sombra de un agujero negro en otra galaxia.

Rosales Ortega destacó que “generalmente el premio se da a trabajos empíricos o cosas experimentales, pero Roger Penrose es un físico teórico y matemático y su contribución fue proponer una nueva matemática para poder explicar los agujeros negros, la estructura formal, y demostrar que es una sólida predicción de la teoría general de la relatividad”.

Debido a todo esto es relevante que la academia premie los agujeros negros, estos entes extraños, de los que incluso la comunidad científica aún es escéptica.

¿Qué explica un hoyo negro?

Así como nosotros podemos decir que el Sol es la parte fundamental de la vida en la Tierra y constituye el universo alrededor de nosotros, los agujeros negros también forman parte de este mismo universo, consecuencia misma de la creación.

El investigador explica que hay dos tipos de agujeros negros, aquellos que se generan después de que una estrella muy grande, más grande que nuestro Sol, llega al final de su vida y evolución. Hay otros que son los que en realidad pueden observar ahora los astrónomos, son los agujeros negros supermasivos, hasta donde sabemos se encuentran primordialmente en el centro de las galaxias de nuestro universo y se formaron por variaciones en el espacio tiempo, en el llamado Big Bang, y de ahí fueron creciendo.

Un agujero negro pues, constituye el centro de nuestras galaxias y una parte fundamental de la evolución de las estrellas. Ahora a través de nuevos experimentos y con el descubrimiento de las ondas gravitacionales, cuando estrellas muy masivas chocan, forman agujeros negros, también liberan mucha energía y crean elementos químicos que solamente puede crearse en esas condiciones. Todo esto es relevante para el conocimiento de la humanidad.

Colaboración de México

De acuerdo con el especialista, “este premio Nobel abre el camino para un potencial reconocimiento de la participación de la astronomía mexicana a través del proyecto Telescopio del Horizonte de Eventos”, el premio Nobel fue dado por una investigación propia de norteamericanos y alemanes estudiando el movimiento de estrellas muy cerca de nuestra galaxia, pero para observar un agujero negro se requiere prácticamente un telescopio del tamaño de la tierra, este proyecto lo que hace es juntar varias antenas en todo el planeta y a través de técnicas computacionales muy avanzadas logra simular una apertura del tamaño de la tierra y así puede observar a través del gas y polvo regiones muy pequeñas para ver cómo se mueve el gas alrededor de estos objetos super masivos. Hasta hoy lo que se captó fue la sombra de un agujero negro de 6,000 millones de veces la masa del Sol

En este experimento participaron investigadores y estudiantes del INAOE a través del Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, que  fue pieza fundamental para este descubrimiento por su sensibilidad. “Este es un gran ejemplo de colaboración internacional. Siempre que hablamos del premio Nobel hay enseñanzas, aunque se premia la contribución de grandes genios, se trata de equipos completos trabajando en conjunto en diferentes observatorios del mundo”, señaló Fabián Rosales.

nelly.toche@eleconomista.mx