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La belleza fantasmal
La obra de Lafcadio Hearn es un compendio de seis historias poéticas y melancólicas, más que terroríficas.
En medio de tanto cine gore, a veces se nos olvida que no todas las historias de fantasmas deben de ser terroríficas, si bien tienen un halo de misterio y pueden ser un poco perturbadoras, hay algunas que pueden ser poéticas y milagrosas. Así lo expone Lafcadio Hearn en su libro Fantasmas de la China (Páginas de Espuma, 2017).
Hearn fue un escritor y periodista irlandés (1850-1904), conocido por sus trabajos sobre la sociedad y costumbres japonesas, especialmente, por su colección de historias de fantasmas, donde podemos ver el génesis de películas de terror japonesas como El aro.
Su devoción por la cultura japonesa era tal, que terminó estableciéndose allá en 1890: se naturalizó japonés, se casó con la hija de una familia samurai, se cambió de nombre a Koizumi Yakumo y se volvió budista. Su contribución a Japón fue tal que se estableció un museo en su honor, el Lafcadio Hearn Memorial Museum.
Fantasmas de la China fue escrito durante su estadía en Estados Unidos en 1887. El libro está compuesto por seis historias (cuenta con glosario y notas sobre las historias). La edición de Páginas de Espuma (traducida por Marcos Mayer) contiene un postfacio escrito por Pablo de Santis donde expone la personalidad del escritor y su fascinación por los fantasmas desde temprana edad.
Estos terrores infantiles, tan reales, lo llevaron a postular que le miedo a los fantasmas encierra una pista sobre la memoria de la raza: el miedo es el recuerdo de las terribles luchas que tuvieron que librar nuestros ancestros contra enemigos desconocidos. Para Platón conocer es recordar. Para Hearn, tener es recordar , nos dice De Santis.
Los cuentos de este ejemplar son tomados de viejas historias tradicionales chinas, y a la vieja usanza de los cuentacuentos populares, Hearn nos da su propia versión, es decir, los cuenta a su manera, con algunas licencias poéticas, pero respetando la esencia y el núcleo de la historia.
Las descripciones de Hearn son poéticas, llenas de imágenes vívidas que no sólo nos hacen creer que el autor estuvo ahí, sino que además nos atrapan de manera irremediable en la China milenaria, respirando el aire de esos fantasmas del pasado.
Hace la descripción de un templo budista en el cuento El espíritu de la gran campana : Las tejas verdes y doradas del templo están vibrando; el pez dorado de madera en el techo nada hacia el cielo; el dedo alzado de Fo se sacude por encima de las cabezas de los fieles a través de una azulada niebla de incienso .
Los fantasmas de Hearn no son espíritus vengativos dispuestos a acabar con todo aquel que se cruce en su camino, son espíritus atados a un ideal: el amor filial, la lealtad, una recompensa kármica, o bien, para propagar la abundancia gracias a las posibilidades que da un estado inmortal. Y es que los espíritus de Hearn son seres mucho más poderosos de lo que fueron en vida. Aún con todo este poder, sus códigos de conducta parecen conservarse, contrario a la tradición de espíritus vengativos que podemos ver en las películas de terror japonesas de la actualidad.
Aunque en general los cuentos que aquí se presentan tienen un trasfondo dichoso en el sentido espiritual, es difícil desprenderse de un halo de melancolía y tristeza que envuelve a la muerte.
Fantasmas de la China posee ese saborcito de incertidumbre y misterio que da lo sobrenatural, y aunque no es propiamente miedo lo que nos causa, tampoco resulta deseable que alguno de estos fantasmas pase a visitarnos, por muy buenas intenciones que tengan.
El libro de Lafcadio Hearn es de lectura ágil y capaz de atraparte desde las primeras páginas.