De Rubén Darío se conocen muchas cosas. Se sabe, por ejemplo, que fue el máximo impulsor de la poesía modernista en Latinoamérica durante el siglo XIX. Se sabe también que fue un destacado periodista que viajó por distintos países recogiendo las más variadas impresiones de las diferentes culturas que visitaba. Darío fue, además, un importante diplomático que representó a su natal Nicaragua en España y Francia y que veló por los intereses de una América Latina alejada de Estados Unidos.

Pero algo que no muchas personas conocen de Darío es que el autor de Azul y Prosas Profanas y otros poemas tenía un interés particular por una disciplina que es considerada un arte: la cocina.

Al menos así lo demuestra el libro del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, A la mesa con Rubén Darío, un recetario ensayístico que desmenuza, como si se tratara de un buen trozo de carne, las preferencias del poeta nicaragüense con respecto al arte culinario, un libro que es producto de la colaboración entre Trilce Ediciones, la Universidad Autónoma de Sinaloa y la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Ya desde las primeras páginas podemos corroborar la intención de Ramírez por elaborar un recetario que dé muestra del crisol de sensaciones e ideas que la comida generaba en el poeta latinoamericano. Una cita rotunda de Joseph Conrad abre este volumen: De todos los libros creados desde tiempos remotos por el talento y la industria humanos, sólo los que tratan de la cocina escapan, desde un punto de vista moral, a toda sospecha (...) Es inconcebible que su objetivo sea otro que acrecentar la dicha de la humanidad .

A la mesa con Rubén Darío está dividido en dos partes. La primera es una compilación de ensayos y anécdotas cuyo principal objetivo es contar la vida del poeta nicaragüense a través de la muestra de las complejas y profundas relaciones que existen entre la comida y el arte.

En esta parte del libro abundan las referencias a Literatura y cocina, una crónica en la que el poeta asevera que la cocina sí puede ser considerada como una de las Bellas Artes. La complementan historias y digresiones acerca de otros escritores y artistas como Honoré de Balzac y Oscar Wilde y su relación con la gastronomía.

La segunda parte del libro es la que captura de inmediato la atención del lector. Se trata de un recetario compuesto exclusivamente por las recetas de los platillos que le gustaban a Darío, cuyos textos se ven aderezados con historias relativas a las amistades del poeta nicaragüense a diferentes formas de preparar un mismo platillo; algo así como una historiografía gastronómica de los gustos de Darío.

Sopa de albóndigas, puchero canario, faisán a la China, sopa de tortuga, patitas de cordero, chuletas adobadas, requesón, iguana y el dulce de crema de boniato son algunos de los platillos que encantaron a Darío y que seguramente provocarán una reacción particular en tu paladar.

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