Luego de que los candidatos a la presidencia de México llevaron a cabo el último debate antes de las elecciones, se llevó a cabo el diálogo posdebate organizado por el Colegio de México, el Colegio de la Frontera Norte y con la participación del Instituto Nacional Electoral, donde abordaron los temas de educación, ciencia y tecnología.

Los especialistas invitados manifestaron una decepción generalizada ante la “pobreza de propuestas”. Emilio Blanco Bosco, doctor en ciencias sociales con especialidad en sociología de la educación y profesor del Colegio de México, aseguró que se trata de una falta de respeto a la ciudadanía, con una asociación de clichés y aspectos indeterminados que hacen difícil un comentario serio del asunto.

Luego del análisis de las plataformas, el doctor Blanco dijo haber encontrado, en el caso de Ricardo Anaya y su “paradigma modernizador”, un populismo tecnodeterminista de derecha que implica clichés de la modernización, “inglés para todos y repartición de tecnología está bien en términos de inclusión digital, pero esto no tiene mucho efecto sobre los aprendizajes (...). Es una fantasía tecnocrática”. Agregó que lo más sensato sobre su propuesta en educación es la capacitación de los maestros.

Para el caso del candidato Andrés Manuel López Obrador, dijo que su propuesta es muy básica, “lo que los maestros de educación básica quieren es lo que les vamos a dar. Cancelar la reforma educativa, negociar la evaluación, aunque no sabemos exactamente para qué”.

De Meade señaló que fue el más concreto en equidad. “Propuestas sencillas como subir las escuelas de tiempo completo de 25,000 a 100,000 o mejores plazas para maestros en comunidades pobres, pero a la hora de preguntarle cómo se haría si el presupuesto ha bajado, viene el gran problema de Meade que es que no deja de ser quien es y de representar a quien representa”.

Sobre su propuesta del acceso al bachillerato con opciones flexibles y a distancia, aseguró que puede ser muy peligrosa, “esta modalidad es precaria y no es la vía para incluir a los más pobres, pues depende mucho más de los alumnos, lo que puedan aprender y la gente con menos recursos es quien menos pueden depender de eso, porque tiene menos capitales (educativo y cultural). Esto no es inclusión”.

Rosalba Casas Guerrero, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, con líneas de investigación en la historia de la política científica y tecnológica y el diseño de políticas de ciencia y tecnología, fue tajante: “Ninguno de los tres candidatos tiene una estrategia ni un plan de acción en ciencia y tecnología”. Dijo que no han aprovechado ni evaluado la experiencia en nuestro país, no parten de un diagnóstico, ni un hilo conductor sobre lo que significa la ciencia.

Sobre López Obrador, aseguró que los argumentos en su plan de acción, en donde la tecnología parece un factor reiterado, no estuvieron presentes en el debate, “eso me preocupa, pues ¿qué no conoce lo que está escrito, por qué no lo aprovecha, quién se lo escribió? y por ultimo ¿lo va a hacer?”.

La especialista destacó que los candidatos no ven a la ciencia y la tecnología como factores para atender la pobreza y el decrecimiento económico: “No se ha establecido una relación directa, que es uno de los retos presentes en las discusiones sobre políticas de ciencia y tecnología a nivel internacional. (...) La ciencia y la tecnología deben entenderse como parte del desarrollo de muchos sectores y de la política social, nosotros insistimos que la CTI tendría que ser eje transversal de muchas áreas”.

El doctor José Franco López, coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico e investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, calificó las propuestas de paupérrimas, pero hizo una diferenciación entre grupos.

Dijo que, en el caso de los candidatos Jaime Rodríguez y Anaya, no se tiene definido lo que es la ciencia, “este tema está diluido, en su discurso únicamente hicieron mención de la tecnología y las herramientas digitales, pero en el caso de Anaya no podríamos ponerlo como el representante de la modernidad”.

Sobre Meade y su comentario sobre el apoyo a la ciencia básica, dijo que parece refrescante el discurso. Al referirse a su propuesta de crear la Escuela Mexicana de Ciencias, el doctor Franco aseguró que pensar en una universidad élite es una propuesta fantasiosa.

Para el caso de López Obrador, aplaudió el hecho de defender al Conacyt y no la creación de una secretaría de ciencia y tecnología. Sobre la propuesta de poner al frente a la doctora Elena Álvarez-Buylla, Franco rescató que: “Se trata de una investigadora prestigiada, dedicada a la genética molecular que refleja una visión clara de que el Conacyt debe ser dirigido por investigadores y yo estoy completamente de acuerdo, además sería la primera mujer en dirigir esta institución. Éstos son mensajes claros, si no explícitos en la práctica se diferencian de las otras propuestas”.

Por último, dijo que en temas de inversión, hay un problema de léxico, “AMLO mencionó llegar a 1% que dicta la ley; el Bronco se refirió a 1.2%; Meade, 1.5 %, y Anaya no lo mencionó. Sin embargo, hay una parte vacía en estos discursos, pues uno no sabe si a lo que se refieren es al gasto público federal o al gasto en investigación y desarrollo experimental. (...)Por otro lado, al hablar de 1.5% del PIB en gasto público es una locura, no existe un país en el mundo que llegue a esta cifra. Los países que más invierten están abajo de 1% y el resto viene de la inversión privada, así pasa con Corea del Sur, Finlandia o Israel”.

nelly.toche@eleconomista.mx