Jesús Parra, a sus 17 años, dirige con pericia una sinfónica en un teatro caraqueño. Admirada, la Presidenta de la Filarmónica de Los Ángeles observa al novel músico, miembro del milagro de las orquestas juveniles de Venezuela, un producto de exportación que arrasa en el mundo.

La música me rescató, no sé qué estaría haciendo ahora si no fuera por esto, pero estoy seguro de que no sería nada sano , dice a la AFP el joven luego de participar en un ensamble de 1.800 niños y adolescentes ante la titular de la orquesta estadounidense, Deborah Borda y varios de sus músicos de gira en Caracas bajo la batuta del prodigioso director venezolano Gustavo Dudamel.

Parra y estos cientos de jóvenes músicos son apenas una muestra de los 350,000 menores provenientes de barrios populares de Venezuela que son acogidos por el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles, una red de educación musical, para alejarlos de la violencia o las drogas.

Este prestigioso programa, replicado en más de 25 países alrededor del mundo y con una decena de premios por su obra, fue creado en 1975 por el compositor venezolano José Antonio Abreu, que junto a Dudamel hace de anfitrión en esta presentación. Parra, que desde los 10 años es parte del Sistema, ocupa de alguna manera el mismo lugar que ocupó años atrás Dudamel, formado en este programa y que con tan sólo 30 años es ya Director musical de la Filarmónica de Los Ángeles, con la que acaba de obtener un premio Grammy.

Es tan esperanzador ver a nuestra juventud y niñez tan hermosamente encaminada a través del arte musical. Esto es lo más bello, estamos en el camino correcto y por eso es importante mostrarlo al mundo , comenta a la AFP Dudamel -esta vez como espectador- durante la presentación, que distribuyó a los 1,800 jóvenes músicos en cinco ensambles por los pasillos del Teatro Teresa Carreño.

Estos niños y adolescentes, representantes de decenas de orquestas juveniles de Caracas, conmueven con su disciplina y el sonido de sus violines, chelos, flautas o clarinetes a los experimentados músicos de la Filarmónica, que no pueden sino sonreír y aplaudir ante un espectáculo montado para mostrar la gran obra del maestro Abreu, cuyo estandarte es Gustavo Dudamel.

El aprendizaje para mí (después de presenciar la actuación) es sentir la pasión de estos jóvenes artistas , comenta el violinista chino Bing Wang, de 44 años, y uno de los profesores asociados de la orquesta estadounidense. Como Wang, Roger Triago, un chelista de 12 años, también comparte la pasión por la música. Para mi la música es divertida, me gusta, no me da pereza ni aburrimiento , dice este niño, que se inició en el programa hace dos años y que junto a decenas de sus compañeros interpretó la Marcha Eslava de Tchaikovsky.

Los ojos despiertos de Triago expresan de pronto una leve consternación cuando relata que un par de veces le han tratado de robar su chelo, pero que a pesar de ello nada lo desanima a seguir yendo a los ensayos de música en su barrio de La Mamporada, una zona popular a las afueras de Caracas.

Zaima Rada, de 18 años, es otra de las integrantes de esta orquesta. Pese a su juventud, tiene claro que lo que más ama en la vida es la música, aunque también esté estudiando Ingeniería Civil para complacer a sus padres.

Le voy a dar el título a mis padres, pero lo que de verdad amo y quiero es la música , dice la joven contrabajista.