La furia de Tláloc azotó la noche del miércoles con lluvia intensa y copiosa granizada sobre el recinto sagrado del Templo Mayor, ocasionando el colapso de una estructura de acero que protegía la Casa de las Águilas.

Esa misma noche la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, informó que los daños no fueron severos ni irreversibles y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ofreció en la conferencia matutina de este jueves todo el apoyo necesario para sustituir, dijo, la techumbre derrumbada.

Sin embargo, fuentes al interior del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que pidieron reservar sus nombres, revelaron a El Economista que no obstante que el embate de la naturaleza fue de consideración, la causa principal del colapso fue la falta de mantenimiento que ha privado históricamente y que se ha profundizado en los últimos dos años debido a los recortes presupuestales a la institución que han dejado inermes los monumentos del patrimonio cultural ante los desastres.

Las techumbres que cubren las edificaciones del Templo Mayor “fueron muy útiles en su tiempo, cuando se colocaron en los años 80 del siglo XX bajo la dirección del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Pero hace muchos años que están envejecidas y obsoletas. Sexenio tras sexenio se ha pedido reemplazarlas... Y, en el mejor de los casos, nos han dado recursos para cambiar una tuerca, para reemplazar un tensor, para sustituir un panel. Y la consecuencia la tuvimos ayer 29 de abril, (miércoles). Todos los sexenios han sido dramáticos en ese sentido, con poco dinero para la cultura, pero este es peor porque no hay poco, hay nada”, sostiene uno de los informantes.

Otra fuente asegura que desde hace dos años “desenchufaron” el presupuesto y no fluye dinero para mantenimiento.

“Nunca ha habido dinero suficiente para mantenimiento. No es que antes estuviéramos muy bien, pero había, digamos los mínimos. Ahora no hay nada... Y, conforme avance el tiempo, sin mantenimiento, comenzaremos a ver cómo comienzan a incrementarse las tragedias como la de ayer 29 de abril, o como el incendio de la iglesia de Michoacán (...) Sin dinero y sin personal, no podremos responder a esas situaciones de emergencia, y veremos tristemente, los museos en llamas, los estucos y pinturas que se colapsan, los archivos que se inundan y mil dramas más. Y, para colmo, sin Fonden”, lamenta el especialista.

Por cierto, el templo de Santiago Apóstol, en Paracho, considerado la Catedral de Arte Novohispano Purépecha”, cuyo accidente resultó en casi pérdida total, aseguran que no tenía ni extintores.

Para estos casos, el INAH cuenta con pólizas de seguro y -creemos que todavía existe- el Programa de Prevención de Desastres en Materia de Patrimonio Cultural (Previnah), creado en 2001. El problema es que los seguros nunca cubren todos los daños, como ocurrió con el techo del Museo de las Culturas del Norte, de Paquimé, igual que el Templo Mayor, un sitio Patrimonio Mundial, que se deterioró debido a filtraciones de agua por falta de impermeabilización, para lo cual se recuperó del seguro medio millón de pesos, pero el costo de las reparaciones ascenderá a tres millones de pesos, según las estimaciones del propio director del INAH en Chihuahua.

Información pobre e incompleta

La información que circuló el INAH este jueves respecto al incidente en el Templo Mayor es realmente muy pobre y de una limitación explicativa que raya en la indolencia. Básicamente repite lo que había tuiteado ya la secretaria Frausto. A veces hay más verdad en lo que se calla que en lo que se dice.

No explica, por ejemplo, cuándo fue la última vez que le dieron mantenimiento mayor a la techumbre colapsada, a cuánto asciende la póliza del seguro, y si está al corriente con los pagos, y mucho menos ofrece información estimada sobre el tiempo que tomará retirar la estructura y sustituirla por otra de mejor tecnología.

El accidente en el Templo Mayor nos hace reflexionar sobre el estado de mantenimiento en que se encuentran muchos bienes inmuebles que son patrimonio cultural propiedad de la nación, algunos Patrimonio de la Humanidad, como el caso del Templo Mayor, y que están a cargo del INAH.

Cierto es que el INAH tiene ya bastante expertise en el manejo de estos accidentes. No es la primera vez que pasa, ocurrió en 2007 con la techumbre de Cacaxtla, donde colapsaron 800 metros cuadrados de los 11,000 que cubren las famosas pinturas del sitio arqueológico, pero eso no basta.

Qué bueno que el presidente autorice recursos para reparar la techumbre del Templo Mayor; qué malo que no haya un mecanismo institucional eficiente para brindar mantenimiento preventivo permanente a los museos y zonas arqueológicas para evitar que un embate de la naturaleza como el que vimos el pasado miércoles 28 de abril haga el mayor daño posible.

Aunque la secretaria Alejandra Frausto y el director del INAH, Diego Prieto, defiendan hasta la abyección el decreto de austeridad y digan que los recortes no comprometen la misión del instituto en cuanto a la conservación del patrimonio cultural, la verdad es otra.  Es evidente que los recortes a la institución que se vienen aplicando desde 2019, la desaparición de los fideicomisos, la extinción de contratos del personal “eventual” y, en general a la poca o nula conciencia de lo que el patrimonio cultural representa para la identidad y la economía de este país, están pasando una cara factura.

“Es evidente que el patrimonio cultural en México adolece de mantenimiento. Pero los gobiernos no invierten en mantenimiento porque no es lucidor, los políticos buscan cortar listones”, dice un investigador.

El cuestionado proyecto de Chapultepec

Uno de los interlocutores de este reportero se refirió al derroche que implicará el megaproyecto del Bosque de Chapultepec, en contraste con la falta de recursos para los museos.

“El jardín que circunda el Museo Nacional de Historia 'Castillo de Chapultepec' llevó décadas crearlo y mantenerlo. Ahora le quitan el dinero y quitan a la gente”. Sin embargo, este año, el famoso megaproyecto para el bosque tiene asignados poco más de 3,500 millones de pesos, una cuarta parte del presupuesto total para Cultural, si sumamos lo que resta del sexenio se habrán gastado poco más de 13,000 millones de pesos, solo en el bosque.

Los expertos del INAH lo han dicho en muchas reuniones a lo largo de estos dos últimos años: a la postre saldrá más caro reparar y revertir el deterioro que están teniendo los museos y las zonas arqueológicas que lo que se está ahorrando con los recortes a “machete”.

La UNESCO lo señaló apenas en su informe hace quince días: México se ubica en el grupo de países que mayores recortes presupuestales han hecho a sus museos: entre 60 y 80 por ciento.

El organismo exhortó a los gobiernos a destinar mayor inversión, a fortalecer mecanismos institucionales para la conservación del patrimonio cultural; eso es justamente, lo que hoy en México está debilitado. El patrimonio cultural de los mexicanos no puede depender de la voluntad ocasional de las autoridades, ni siquiera de la generosidad del presidente, sino que debe haber mecanismos institucionales para darle mantenimiento preventivo y evitar que estos accidentes deriven en pérdidas lamentables.

francisco.deanda@eleconomista.mx