La impresión 3D y la medicina han encontrado una sinergia muy interesante. Desde hace varios años se ha trabajado para la apropiación de esta tecnología en campos como la creación de prótesis personalizadas, ortodoncia, ensayos clínicos y hasta órganos humanos, todo esto en constante evolución. La tecnología también ha supuesto un importante avance en cuanto al estudio, enfoque, discusión de casos, planificación quirúrgica y la comunicación de los profesionales, con el paciente y sus familiares sobre las intervenciones, estudios o procedimientos.

“Cada vez se vuelve más común recurrir a los modelos obtenidos a través de impresiones tridimensionales para prepararse y planificar una cirugía. Estos modelos, de tamaño real y específicos a un paciente, pueden ser muy valiosos para los cirujanos, a medida que deciden cuáles métodos y técnicas serían mejores para una determinada cirugía”, explica el doctor Karthik Balakrishnan, especialista de la Clínica Mayo en Rochester.

Los modelos son particularmente útiles en procedimientos raros, complejos o quizás nuevos. El especialista explica que el tamaño real de los modelos tridimensionales permite recrear la anatomía de cada paciente. “Esto ofrece a los cirujanos la oportunidad de sostener con las manos y rotar los modelos para entender mejor cómo posicionar al paciente en la mesa quirúrgica durante la operación y determinar dónde deben hacerse las incisiones quirúrgicas”. Además, hace posible que los cirujanos vean si hay otros métodos quirúrgicos diferentes, en los que quizás no pensaron o no consideraron factibles cuando estudiaban el caso con las imágenes bidimensionales tradicionales. Al examinar los modelos tridimensionales, a menudo, se encuentran ciertas peculiaridades de la anatomía del paciente que alteran el rumbo de la cirugía.

Los modelos tridimensionales también desvanecen algunas incertidumbres que, de otra manera, serían parte del procedimiento quirúrgico, y el hecho de tener estos modelos facilita la comunicación entre el equipo quirúrgico y las dudas del paciente.

Medio de enseñanza

Los modelos tridimensionales también pueden servir como medios de enseñanza para quienes se capacitan quirúrgicamente, un ejemplo es el proyecto Human Dissection Model (HDM) que consiste en enseñar anatomía con modelos digitales 3D.

Hace algunos años, jóvenes de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala se acercaron al doctor Ismael Herrera Vázquez, responsable del Laboratorio de Neuromorfología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), todos con la misma inquietud: saber más del cuerpo humano, pues la dificultad de tener acceso a cadáveres para diseccionar los obligaba a aprender sólo de libros y de las imágenes impresas en ellos.

“Esto es un problema muy extendido en las universidades, al grado que hay personas que pueden cursar todas sus materias sin haber estado frente a un cuerpo real; ello redunda en una instrucción deficiente, sobre todos para quienes desean ir a una especialidad quirúrgica”, explicaba Juan Pablo Reyes González, director general de HDM.

Estos modelos son creados a partir de disecciones de cuerpos humanos reales y piezas anatómicas pertenecientes a la Facultad de Medicina de la UNAM, los cuales son disecados por profesionales médicos, académicos altamente capacitados, y estudiantes de la carrera de médico cirujano. Una vez que se ha logrado una disección óptima y que aproveche al máximo la percepción anatómica, es digitalizado usando diferentes técnicas, que van desde fotometría hasta escaneos 3D, todo ello realizado con tecnología básica pero eficiente y sobre todo innovadora, de esta manera han podido brindar a los estudiantes una nueva posibilidad.

El material de los modelos normalmente es plástico o algún tipo de polímero. En algunos casos, los modelos tridimensionales se crean con material blando para que los cirujanos practiquen la técnica quirúrgica, método que aporta más exactitud.

Futuro e inconvenientes

Retomando su uso quirúrgico, en general el proceso de impresión actualmente es lento y puede resultar caro. Un modelo pequeño puede demorar de cuatro a seis horas para estar listo y un modelo grande y complejo puede requerir hasta 24 horas. “Cuando se usan estos modelos, también hay que contar con más tiempo para planificar y preparar el procedimiento quirúrgico, antes de llevarlo a cabo”, dijo Balakrishnan. Además, no todas las organizaciones de atención médica tienen los recursos necesarios para ofrecer impresiones y modelos tridimensionales.

Aun así, el doctor Balakrishnan es positivo: “A medida que transcurre el tiempo, la tecnología se vuelve menos cara y más accesible. El potencial de los modelos tridimensionales de mejorar los resultados quirúrgicos es amplio y excede a los inconvenientes”.

El especialista concluyó: “Ojalá algún día sea posible aplicar esta tecnología para no sólo producir modelos de la anatomía del paciente, sino para fabricar estructuras que puedan implantarse durante las cirugías”. Por ejemplo, una impresora tridimensional puede fabricar un stent que encaje con precisión dentro del corazón de un paciente, o producir una sonda endotraqueal hecha a medida para un paciente que necesita ayuda respiratoria a largo plazo. Al respecto, existen pocos informes sobre casos de stent con impresión tridimensional; pero en otros casos, la tecnología tridimensional ya ayuda a fabricar articulaciones artificiales y otros implantes personalizados. En resumen, el futuro de la impresión tridimensional en el campo quirúrgico luce bastante esperanzador.

nelly.toche@eleconomista.mx