A los 91 años de edad, murió el apreciado filósofo de origen catalán, infancia belga, posgrado alemán, pero nacionalidad indudablemente mexicana: Luis Villoro.

Usualmente se cree que los filósofos están interesados en cosas tan abstractas como el ser o la nada, lo cual es, en general y sobre todo en la actualidad, falso, y Villoro es uno de los más claros ejemplos de ello. Sirva este fragmento de un ensayo de Mario Teodoro Ramírez sobre el concepto de ideología a lo largo de la trayectoria filosófica de Luis Villoro:

Villoro no avizora otra solución frente a la disputa entre las diversas ideologías modernas el conservadurismo, el liberalismo, el nacionalismo, el socialismo que la posibilidad de traspasar el marco del pensamiento ideológico, hacia la forma del pensamiento crítico-racional, autónomo, auténtico, eficaz, comprometido con principios éticos fundamentales.

Y también, frente a las ideologías de la conformación social mexicana, Villoro aboga por una nueva ética en el ámbito de las relaciones sociales, interhumanas e interculturales: una ética del reconocimiento, del respeto, de la valoración y la admiración, de la reverencia incluso: ante la otredad que hemos denegado, escondido, opacado, pues esa alteridad, de alguna manera, se encuentra a la vez en el fondo olvidado, también denegado, de nuestro propio corazón, en la base y la sustancia de nuestro espíritu .

Entre sus libros podemos destacar: El concepto de ideología y otros ensayos (1985), El pensamiento moderno. Filosofía del renacimiento (1992), Los grandes momentos del indigenismo en México (1996), De la libertad a la comunidad (2001), Los retos de la sociedad por venir. Ensayos sobre justicia, democracia y multiculturalismo (2007), todos editados por el Fondo de Cultura Económica.

A lo largo de su vida obtuvo una gran cantidad de distinciones y premios, entre ellos está el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1986), el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades (1989), fue embajador y delegado permanente de México ante la UNESCO en París, de 1983 a 1987. Asimismo, fue presidente de la Asociación Filosófica de México y miembro del Consejo Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

Perteneció al Grupo Hiperión, dedicado al estudio del ser del mexicano. Fue doctor honoris causa por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, cuyo Instituto de Investigaciones Filosóficas lleva su nombre, así como de la Universidad Autónoma Metropolitana, de la que fue fundador. Fue nombrado miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua en septiembre del 2007.