No es nada más que un mazo de tarot y una por demás particular mesa para tirar las cartas, pero Eugenia Martínez ha condensado mucho del trabajo multiformato que ha venido haciendo en los últimos años. En un pequeño espacio ha ejecutado su obra pinacular.

Bajo el título Las mujeres que vinieron del fuego. —El antiguo Tarot de Marsella para despatriarcalizar la fortuna—, disponible por un tiempo breve en la Galería de Arte Mexicano (GAM) como parte de la Semana del Arte en la Ciudad de México, en solamente una baraja Martínez ha vertido su mística, esa que hace que se desdibujen las fronteras entre creadora visual, luchadora feminista y mujer con un halo de hechicera.

Es un magnífico Tarot de Marsella, similar al que naciera en el siglo XVIII con fines adivinatorios. En particular, el mazo de la artista se basa en uno de 1780 encontrado en una colección en Nueva York. Pero el suyo está adosado con detalles en oro de 22 quilates y tiene las cartas intervenidas con arengas feministas, ejercicio que Martínez ha replicado en prácticamente todo su trabajo: sobre retratos, objetos, telas y muros. Eligió este mazo, indica, por ser un artilugio distante del patriarcado, uno que a lo largo de la historia más bien ha sido propio de los herejes.

“Es la pieza que más trabajo me ha costado”, reconoce en entrevista desde la GAM. “Hago mucha investigación para mi proceso creativo y esta en particular me llevó a los libros medievales”.

Pero hay mucho más detrás de esta reapropiación o, más bien dicho, dotación de nuevo poder en el Tarot de Marsella. Nombrar todas las influencias que menciona sería imposible: la teoría de los arquetipos en el tarot de Carl Gustav Jung; el primer mazo de la historia, en Italia, con sus detalles áureos, y la bruja como emblema de la segunda ola feminista son algunos.

Arcanos mayores y arcanos menores

“A los arcanos mayores los intervine con arquetipos de género. El viaje arquetípico empieza con El Loco. En mi tarot esta carta está intervenida con la frase: ‘¿Cuál es el camino hacia la libertad y la justicia?’. A El Papa le puse: ‘Yo represento a ese Dios omnipotente que creó solo a Adán a su imagen y semejanza’”.

En la carta de La Justicia del tarot que sirvió de base hay un error de impresión en el costado izquierdo, el lado femenino, que la artista decidió preservar e intervenir con: “Aunque soy mujer no puedo ver por mí misma ni por ninguna otra mujer”. En La Muerte se nombran los feminicidios. La Emperatriz está dibujada de origen con la manzana de Adán y la artista aprovechó para escribir: ”La mujer no es determinada por su biología” y con ello se refiere a las mujeres trans.

“A todas esas construcciones, esos juicios, muchas veces no les damos la importancia que tienen, pero son las que han ido conformando el patriarcado y las tenemos bien adentro. De ahí que sea tan difícil deconstruirnos”, expresa la activista de voz serena.

Por otro lado, en los arcanos menores se abordan temas distintos del feminismo. En los Oros la artista habla de la mujer como esclava doméstica, de la brecha salarial y la dependencia económica. Los Bastos apelan a la anticoncepción, el aborto y la sexualidad; la decisión sobre el cuerpo de la mujer. Las Espadas hacen hincapié en el desarrollo del pensamiento feminista; por ejemplo, el As dice: “El feminismo es el hijo no querido de la Ilustración”. Y las Copas, explica, son el amor romántico al que la mujer ha sido culturalmente sometida.

Hay tantas referencias concentradas en un reducido espacio. La artista ha sido tan perspicaz con esta obra que, es posible asegurar, ha de convertirse en aquello a lo que toda pieza artística aspira: un fetiche, un objeto del deseo.

“No quise hacer unos cuadros del tarot porque es una baraja que debe manipularse. Por eso se expone sobre una mesa que a la vez es una escultura. La mesa está basada en el arcano XXI, El Mundo, y representa la plenitud y a la mujer liberada y empoderada. Tiene 11 patas y contiene la simbología del imaginario medieval, donde las mujeres se convertían en animales. Quise que la mesa representara a la bruja, tiene dos manos y dos pies humanos mezclados con patas de león, de buey y águila”.

Adicionalmente, en el canto de la mesa que, por cierto, hizo quemar, como a una bruja, Martínez mandó tallar la frase de Rosario Castellanos: “Sobre el cadáver de una mujer estoy creciendo, en sus huesos se enroscan mis raíces y de su corazón desfigurado emerge un tallo vertical y duro”.

La pieza es el binomio perfecto de sencillez y poder. Pero Eugenia Martínez, quien tiene un amplio grupo de seguidoras, jóvenes luchadoras feministas, no pretende que la baraja se quede en el deseo inalcanzable, sino que se use, que cumpla con su cometido, y ha impreso dos series, una de ellas mucho más accesible a la compra. La exposición estará vigente en la GAM hasta el 2 de mayo con posibilidad de ampliarse. "Pero vamos a ver después dónde hacemos tiradas de tarot", promete.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx