La tarde de este domingo, como parte de la segunda jornada de actividades de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), la escritora y editora Gabriela Jauregui (Ciudad de México, 1979) conversó con la escritora, periodista y pensadora feminista, Vivian Gornick (El Bronx, 1935), una de las voces más destacadas de la segunda ola feminista, en los años 70.

En este intercambio a distancia, Jauregui y Gornick conversaron sobre la escritura, el ensayo, el caminar la ciudad para reconocer los cambios sociales y, sobre todo, acerca de los feminismos. En ese sentido, Jauregui le solicitó a la autora neoyorquina algunos consejos para los movimientos feministas presentes en nuestro país.

“En México ha habido muchos años en los que se siente que estamos haciendo algo paralelo a lo que hiciste en los años 70. Hay muchas mujeres en las calles, asambleas de mujeres. Hay muchas cosas ocurriendo: mujeres que tomaron el control de la oficina de Derechos Humanos; se metieron y ahí están viviendo. Lo tomaron como algo simbólico, pero también bastante real, una protesta contra la violencia de género”, dijo la autora mexicana y añadió: “todo esto se convirtió en una teoría y luego en una posición y esa posición se convirtió en un dogma. Me parece que como feministas estamos teniendo problemas con todo lo que has descrito. Ya que tú pasaste por toda esa experiencia, me preguntaba si podrías darnos consejos de cómo no reinventar la rueda”.

A lo que Gornick respondió: “cuando las cosas estaban bastante mal (en su movimiento) pudimos ver que se estaba comenzando a formar una línea políticamente correcta y, por lo tanto, se estaba cerrando sobre nosotras mismas y estaba expulsando a las personas que eran diferentes. Decidí estar en contra de lo políticamente correcto, de lo alineado. Cuando tienes un movimiento que se está formando, hay miles de personas que fluyen y no puedes controlar, porque llega todo tipo de personas, con mil motivos. Y el trabajo de un feminismo serio es mantenerse con el objetivo en mente, el que se ha definido; combatir la injusticia social, por ejemplo, pero no se llega ahí con una receta, siendo esto o aquello”.

De esa manera, conminó a las mujeres a leer textos de quienes han dado testimonio de los movimientos precedentes, como a ella misma le tocó hacerlo, e identificar las diferencias entre causas para unificarlas en un mismo fin, pero a partir de la diversidad.

“Hay una gran diferencia entre nosotras, que estábamos en el terreno, como activistas, con las teorías académicas. Gente como yo estaba más preocupada, me parece, en no ser puritanas sino lo opuesto: expandir la invitación a cualquier tipo de mujer para que se reconociera en lo que nosotros estábamos proponiendo”.

Para explicar esto más a detalle, Gornick contextualizó la situación que enfrentan los feminismos en Estados Unidos actualmente.

“Ahora mismo vivimos momentos terribles. No sé cómo sea en México, pero en Estados Unidos estamos en las garras de lo políticamente correcto, lo cual es muy triste porque propicia exactamente lo que no queremos; es decir, hay un: ‘aquí encajas y aquí no; puedes decir esto, pero no lo otro’. En mi generación todo estaba empezando, no había fórmulas para nosotras, no había cómo hacer las cosas. Pero ahora se siente menos abierto, menos generoso y más acusatorio”.

Opinó que la gente es temerosa a quedarse en un limbo, donde no hay reglas a las cuales adherirse, sin que les digan qué hacer sino solamente con lo que tienen dentro. Explicó que sensaciones como esta son aterradoras y desoladoras; afirmó, sin embargo, que esa incertidumbre es la única forma de tomar acción. “Les deseo suerte en su movimiento”, exclamó finalmente.

Más adelante dijo que en los movimientos feministas es una obligación apegarse al punto de vista individual, aun si este no comulga con la opinión colectiva, sin caer en sentimentalismos, y eso debe ocurrir en la vida política diaria, por lo que es necesario practicar que todo lo que pase en lo privado debe reflejar el respeto de lo que se dice y hace en público. “Me parece que es tu obligación apegarte a tus verdades, y esa será tu contribución: hablar con la verdad, como tú la piensas y ser devota a esa verdad, porque de eso se trata esta liberación, ¿no es cierto? Es hablar con la verdad conforme nosotros la hemos experimentado”.

La autora de libros traducidos al español, como Apegos feroces (2017), La mujer singular y la ciudad (2018) y Mirarse de frente (2019), disponibles en Sexto Piso, también se refirió a la amistad y la relevancia que ha cobrado con el tiempo, al grado se superponerse a otro tipo de vínculos afectivos.

“Todas sabemos de lo importante que es la amistad. Es mejor ahora tener una amistad que un amor. Las conexiones con amigos se han vuelto más importantes para nosotros. En el mundo todos necesitamos una conexión humana para conocernos y para reconocernos. Las amistades se han vuelto más y más importantes a la par de que el matrimonio y el amor romántico está muriendo”, dijo.

Las autoras profundizaron sobre caminar por la calle y escribir sobre ella desde la perspectiva feminista y la manera en la que esto influye en el proceso de la escritura de no ficción. Gornick mencionó, por ejemplo, que sus caminatas por la ciudad de Nueva York han sido su manera de medir la transformación social, puesto que en la década de los 70 la autora prefería no caminar sola, por un temor inexplicable entonces, y prefería hacerlo con un grupo de amigas o, preferentemente, con amigos hombres.

“Ahora yo me siento libre de caminar sola, casi en todo momento, por supuesto teniendo cuidado. Pero cuando me di cuenta de esto fue cuando estaba escribiendo ‘Apegos feroces´. Ya estaba en mis cuarenta y me di cuenta de cómo la ciudad era mía: yo pertenecía a la ciudad y ella a mí. La ciudad es misteriosa y de cierta forma es la misma, para mí siempre ha sido la misma. No importa quién la está ocupando ni el color de la piel de las personas que la habitan”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx