“El buen evolucionista o naturalista tiene que ser muy ecléctico y nunca desdeñar ninguna fuente de información”, aseguró Antonio Lazcano Araujo, miembro de El Colegio Nacional, al presentar a Jean Philippe Vielle Calzada, experto en genómica y biología molecular y uno de los fundadores del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav), durante su charla “El origen del maíz”.

Dijo que ésta es un ejemplo de cómo haciendo uso de técnicas muy de vanguardia se puede tener información extraordinaria sobre una planta que nos define en más de un sentido como sociedad.

De esta manera Vielle Calzada inició con una reflexión sobre cómo el maíz se inscribe actualmente en la historia cultural de nuestro país. “Desde hace miles de años el hombre ha puesto el fundamento de la cultura mexicana en el maíz, ha estado profundamente ligada a estas tierras, es una planta cultural en el sentido más profundo del término, es una planta que se constituye como el eje fundamental de la creatividad cultural de cientos de generaciones, exigió el desarrollo y perfeccionamiento de una serie de técnicas para cultivarla, almacenarla, transformarla, se condujo como el impulsor de una cosmogonía que evoca creencias, ritos, prácticas religiosas, es el motor de un arte culinario de sorprendente riqueza y se convirtió en la referencia necesaria del entendimiento de la organización social, mecanismos de pensamiento, conocimiento, de los sectores más amplios de la cultura popular nacional”.

Por ello, dijo, no podemos más que celebrarlo en el marco de lo que es el conocimiento nacional. Para ayudar a este reconocimiento y entendimiento, Vielle abarcó algunos aspectos fundamentales que describen su historia evolutiva, pero antes reconoció a Efraín Hernández Xocolotzi, como el investigador y científico con la mayor sensibilidad y talento para percatarse de la importancia que tenía preservar y conservar los recursos genéticos a través del involucramiento con los pueblos originales y campesinos mexicanos, y formó una escuela de pensamiento etnobotánico que la heredó y supo transmitirla para conservar el germoplasma nacional, una virtud inigualable.

Vielle distinguió los conceptos de origen y domesticación, el primer término alude al evento de carácter evolutivo que dio lugar al surgimiento del maíz a partir de una especie ancestral (Teocintle del Balsas) con atributos temporales (dónde, cómo, cuándo y por qué). En el segundo concepto se habla del proceso de transición genética a carácter evolutivo, por el cual los seres humanos seleccionaron rasgos deseables a partir de dinamismos de reproducción natural. Este proceso de adaptación es esencialmente dirigido por preferencias humanas con dos implicaciones importantes: contacto humano y potencial de expresar rasgos deseables para el ser humano.

La premisa indica que el maíz se originó en México y su ancestro directo es el teocintle del balsas.”Cuando hablamos del origen del maíz, no hay otro caso igual, de una planta domesticada que se haya distinguido tanto de su ancestro. Para corroborar esto existen tres tipos de evidencia: botánica, arqueológica y genética”.

Las evidencias botánicas tienen que ver con el hecho de que México posee la mayor diversidad de razas de maíz en el mundo, reconocemos de 59 a 60 razas con capacidades adaptativas distintas.

El segundo tipo de evidencias tiene que ver con los restos antiguos de maíz que provienen principalmente del Valle de Tehuacán, descubiertos a principios de los años 60, aquí se han presentado estratos milenarios con restos de maíz que se pueden ver en el Museo Nacional de Antropología con 5,300 años de antigüedad.

El tercer tipo de evidencia está encabezado por un grupo notable de genetistas de los años 30 en la Universidad de Cornell con Rollins Adams Emerson como el profesor principal. Posteriormente, Takeo Ángel Kato Yamakake fue quien observó que los cromosomas del teocintle y del maíz bajo el microscopio se aparearon perfectamente, como si perteneciesen a la misma especie.

Evidencias contemporáneas

Las evidencias contemporáneas, que son las que convencen de manera más profunda sobre esta relación, datan del 2002 con John Doebley de la Universidad de Wisconsin, y 2012 con Jeffrey Ross-Ibarra de UC Davis. Ambos utilizaron marcadores moleculares de diferente tipo para ver la relación filogenética que existe entre una multitud de teocintles del continente americano y una multitud de maíces. Nuevamente las aproximaciones filogenéticas con base en datos moleculares genómicos indican que el Teocintle del Balsas es el ancestro del maíz que se originó en el centro de México, probablemente en las cuencas del río Balsas y sus afluentes, en la intersección de Guerrero, Michoacán y Estado de México. “El evento de origen del cual surgió el maíz es único, si hubiese varios orígenes lo que tendríamos es una distribución de los maíces en diferentes brazos y no habría una sola conexión”.

Las últimas teorías buscan respuestas sobre cuáles fueron los cambios iniciales que sufrió el teocintle para convertirse poco a poco en el maíz, ésta ha sido en gran parte la razón de ser del Langebio.

En esta tarea se han buscado genes afectados por el proceso de domesticación, encontrando que hay baja variabilidad genética. Vielle explicó que la clase de genes más prevalente que tienen pérdida severa de variabilidad genética son genes que codifican para respuestas ambientales, esta fue una verdadera sorpresa, son genes que la planta utiliza para responder a los retos abióticos (salinidad, sequía y en particular responder a altas concentraciones de metales pesados como plata, cobre, cadmio, zinc).

Esto no es tan trivial, por lo que se generó una hipótesis con distintas razones que indican que las erupciones volcánicas, de manera directa o indirecta, tuvieron que ver con el proceso de transformación del teocintle, única fuente de donde podrían provenir metales pesados en esa época y que coinciden geográficamente con los tiempos de origen del maíz.

Por otro lado, se ha encontrado que el maíz más antiguo proveniente de Tehuacán (5,300 AP) no estaba completamente domesticado, que pertenece a una pequeña población de plantas consanguinizadas, lo que sugiere que estaba siendo autopolinizado.

Jean Philippe Vielle continuó su ponencia con una gran cantidad de evidencia, pero dijo que lo más importante es “que como mexicanos nos interesemos en tratar de entender esta especie emblemática de nuestra cultura nacional y saber de dónde proviene como un elemento cultural.

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