Jean Paul Sartre dijo la frase famosa de que todos somos el judío de alguien. Es decir, todos somos el extraño, el abyecto, el despreciable para alguien. Otra frase de Sartre: el infierno son los otros.

Lo otro, lo que se sale de la norma y nos recuerda el horror y la locura: eso es el monstruo. Los artistas lo han perseguido durante siglos. Monstruosismos es ejemplo de esa cacería.

Imposible no pensar en ambas citas citables de Sartre recorriendo Monstruosismos, exposición en el Museo de Arte Moderno (MAM). La muestra en el MAM es apenas la primera parte de la exposición. Monstruosismos, que continuará en abril en el Museo Mural Diego Rivera.

Pero hablábamos de lo diferente. Daniela Tarazona algo sabe de lo freak. Su novela El animal sobre la piedra es una especie de Metamorfosis kafkiana: su protagonista acaba convertida en un reptil.

Tarazona curó Monstruosismos. Tuvo, según el texto de sala, derecho a hurgar en acervo del INBA y también en varias colecciones privadas para hacer una exposición a su gusto y medida. No importó la fama, ni la importancia histórica del artista: lo mismo un Siqueiros que una pieza anónima o una pintura de Leonora Carrington conviviendo con el retrato de Blue ?Demon de Lourdes Grobet.

Somos bestias

El recorrido tiene varios ejes temáticos pero lo que les da unidad es la idea de que el monstruo es la bestia. Cuando el hombre se ve a sí mismo como un animal puro, entonces nace el monstruo.

¿Qué lleva a la deshumanización de, por ejemplo, un niño que le dispara a sus compañeros de escuela, como recién sucedió en Monterrey? El monstruo no está allá, lejos: el monstruo, la bestia, vive dentro de nosotros, convivimos con ella.

Luchadores, danzantes enmascarados, muñecas inflables en un aparador de una sex shop. Su cercanía con lo oscuro, con la identidad sombría los hace cercanos a lo bestial. La muñeca ni siquiera está viva, es una humanoide hecha para el placer más básico: eyacular y ya.

El monstruo también es una revelación. En una pantalla se muestran algunos comerciales. El más siniestro, sin duda, es el de una marca de helados: un ¿hombre? cubierto de crema se alimenta de sí mismo mientras una voz atonal nos dice que no podría ser más feliz. Little Baby’s Ice Cream: no podrían tener nombre más freak. Y lo peor es que existen.

La muestra es un bestiario protohumano. Hay animales más humanos que otros. Hay algunos que son demonios como Viztlipliztli que aparece en un grabado anónimo que bien podría pertenecer a un grimorio o a una Biblia medieval.

Otro eje temático de la exposición es el cuerpo como entre sacrificial. Jesucristo como monstruo (es la otredad máxima: es un dios) y como protector de los monstruos. Dejad que los niños se acerquen a mí, las prostitutas, los ladrones, los cobradores de impuestos.

Podemos pensar que la era del sacrificio humano terminó, pero eso es ceguera: cuerpos de sicarios de cárteles rivales cuelgan de los puentes peatonales de nuestras ciudades. El cuerpo sigue siendo pasto de venganza. Al final la muerte es lo que nos une a todo. Todos acabaremos siendo calaveras con las que los niños pequeños tendrán pesadillas. Cabe la pregunta: ¿la muerte redime al monstruo?

Museo de Arte Moderno

  • Reforma y Gandhi,? Bosque de Chapultepec.
  • Martes a domingo ?de 10 am a 5 pm.

Entrada: $60

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