En una colonia humilde, poco llamativa, en una calle escondida a la que es infinitamente más fácil llegar en Metro que en automóvil, se encuentra LABOR, la que algunos críticos internacionales están comenzando a considerar la mejor galería de México.

En la reciente edición de Art Basel Miami LABOR fue una de las grandes sorpresas con obras de Irene Kopelman y Teresa Margolles. En especial la obra de Margolles (seis bancas de cemento mezclado con agua de la morgue de Guadalajara, Jalisco) fue motivo, como es de imaginarse, de muchos comentarios.

LABOR más que como una galería de compra-venta de arte funciona como una patrocinadora de proyectos artísticos. Así trabajan ya varias de las galerías importantes del mundo (en México la kurimanzutto es el ejemplo preferido).

En ese tenor va la nueva exposición de LABOR: El instinto olvidado.

El instinto olvidado es en realidad una exposición de doble cara, de doble identidad. Una es mexicana; la otra, francesa.

De acuerdo con el texto de sala, se trata de un intercambio de ideas y de arte con la Galerie Jocelyn Wolf de París, Francia. Pamela Echeverría, directora de LABOR, se llevó a París la obra de Pablo Vargas Lugo. En respuesta, a México llega El instinto olvidado, muestra que refleja las preocupaciones artísticas de la Jocelyn Wolf. Al visitar la exposición en LABOR en realidad una está dándose una vuelta por la galería parisina.

Las obras de El instinto olvidado pertenecen al tipo de arte que es más investigación que deleite estético; arte que para el visitante común puede resultar misterioso, inclusive hermético.

La idea de origen que agrupa a artistas diversos como William Anastasi (Estados Unidos, 1933) Francisco Tropa (Portugal, 1968), Gillaume Leblon (Francia, 1971), y los alemanes Franz Erhard Walther (1939) y Hans Schabus (1970) tiene origen en la filosofía de Spinoza: el cuerpo sobrepasa el conocimiento que tenemos de él. El cuerpo como misterio, como reino de esa conciencia olvidada que llamamos instinto. Los dibujos de Anastasi son especialmente atractivos porque forman parte de su serie de subway drawings, obras que hizo a bordo del metro de Nueva York (el de Anastasi es un instinto educado para crear dos obras a la vez: el dibujo y el performance del dibujo. Hay varios videos del artista en plena acción).

El instinto debe guiarnos por el recorrido. No hay manera de entender de inmediato y de manera racional los dibujos abstractos de Anastasi con los que comienza el recorrido o la instalación de cajas de cartón y arena ( se titula Quad ) de Tropa. Son obras para la que, paradójicamente, hay que entrenarse para ser ingenuo ante ellas. Es otra forma de olvido.

Guillaume Leblon hace una reinterpretación de la naturaleza muerta con su Appropiation de la nature II, colección de elementos entre los que figuran una berenjena, un chayote y un terrón de piloncillo. ¿Restos de una noción, de una forma ya caduca de entender el arte, o apropiación renovadora?

La obra más atractiva es quizá el dibujo Erschliessungsplan fûr Schacht von Babel – Atelierbergwerk de Hans Schabus, una especie de plan para una nueva Babel, para abrir un túnel en la bíblica ciudad de las 1,000 lenguas. El plan Schabus es al mismo tiempo el plano que ha de construirse y el mapa de algo que ha de encontrarse. Es al mismo tiempo una exploración fantástica y también una posible declaración moral.

El instinto olvidado deja al visitante lleno de preguntas y de imágenes por completar. De ese tipo de provocación imaginativa hace falta en nuestro panorama de arte contemporáneo.

  • El instinto olvidado
  • LABOR
  • Dirección: Francisco Ramírez 5, Ampliación Daniel Garza.
  • Abierto: Miércoles a viernes de 11 am a 6 pm. Sábados de 11 am a 4 pm.

[email protected]