Lectura 4:00 min
El maestro italiano es como una enfermedad
Sólo una obra basta para entender su grandeza.
Caravaggio espera. Sentado en algún lugar del inframundo, Michelangelo de Merisi Caravaggio considera su viaje. Es como un demonio: vivió una vida infeliz y dejó en la Tierra una obra que parece sobrehumana. De sólo verla una pensaría que el maestro se redimiría de sus pecados. El que regala belleza merece el Paraíso. Pero no: Caravaggio espera en el Hades.
En el Museo Nacional de Arte se presenta Caravaggio. Una obra, un legado, y se trata de una exposición importante: no todos los días llega a ver uno el trabajo de un demonio. Caravaggio pintó siempre como si algo vital estuviera en juego en cada cuadro. Fue uno de los primeros en usar cadáveres como modelos y esa es una de las razones por las que hasta en las tabernas le tuvieran miedo. Parecía un brujo.
El personaje es tan importante como la obra. Caravaggio comenzó, nos dice el texto de sala, con la técnica llamada tenebrismo. Sombras marcadas, la luz como viniendo del poniente en diagonal, colores vivos. Así como el Greco inauguró el azul, Caravaggio hizo suyo el rojo y el amarillo.
Sólo una obra original de Caravaggio viene en la exposición. No se decepcione, es suficiente. En realidad el objetivo del recorrido es mostrar a los pequeños Caravaggios del mundo, en especial de la Nueva España. El maestro italiano vivió entre 1571 y 1610, plena época colonial en lo que hoy es nuestro país. Así como la pintura de Caravaggio tomó por asalto Europa, su influencia no tardó en llegar a América: principios de la globalización.
Caravaggio espera. Antes de llegar a él hay que observar las obras de sus aprendices novohispanos. Sí, la influencia es clara, aunque el dominio de la luz no fuera el mismo, tan maduro, tan dramático. La curaduría de Una obra, un legado se aseguró de no poner en la misma sala el trabajo de estos maestros coloniales y el cuadro original de Caravaggio. La comparación sería grosera. Sin embargo, el valor histórico de estas piezas no se discute, son pruebas de que la mar puede ser ancha pero el influjo de ciertos artistas es imparable, innegable y, en el caso de Caravaggio, inmortal.
Caravaggio espera. Y por fin llegamos a la sala. Es La buona ventura, la primera pieza en la que Micheangelo de Merisi Caravaggio ensayó su técnica telúrica. Dos personajes, un hombre y una mujer. Jóvenes. Él extiende una mano de un rosado que se puede comparar con el de una mano viva. Ella es una gitana y le lee la fortuna, de ahí el título de la pieza: La buena fortuna. La iluminación le hace justicia al cuadro. Imposible retirar la vista del traje amarillo del muchacho o de las mangas desastradas de la gitana. Ambos se miran a los ojos. La belleza de la obra radica… ¿en qué radica? ¿Cómo descifrar el poderío de un gran maestro sobre aquel que mira? ¿Se puede definir lo bello en las pocas palabras que permite una reseña? Lo mejor que puedo decir es que tienen que verla. Quizá ustedes tengan mejores palabras que yo.
Caravaggio. Una obra, un legado se completa con The Caravaggio Experience, una instalación digital que ha viajado por el mundo mostrando la obra de Caravaggio. Son 50 reproducciones digitales de la más alta calidad que el público podrá disfrutar en un ambiente que se completa con una serie de estímulos sensoriales. No es exactamente lo que más disfruté de la exposición pero reconozco el esfuerzo para difundir la obra del artista. Ah, hasta dónde hemos llegado para hacer atractivo el arte.
DATOS**
Museo Nacional de Arte
Martes a domingo, de 10 am a 6 pm
Entrada: $65



