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El horror el horror
Entrados los primeros 10 minutos de El Santos vs. la Tetona Mendoza esta reseñista se dio cuenta de que estaba viendo el descarrilamiento de un tren en curso.
Digamos que estás en una reunión familiar y tu papá empieza a contar un chiste. Sabes que es un tren a punto de descarrilarse, porque conoces a tu papá y sabes que no tiene gracia para contar chistes. Sin embargo, lo quieres y lo apoyas. Pero, aunque tratas con todas tus fuerzas de reírte con sinceridad, la verdad es que no puedes. La risa no se obliga ni con el cariño.
Eso pasa con El Santos vs la Tetona Mendoza, la adaptación fílmica de la famosa tira cómica de Jis y Trino, los moneros más famosos de México.
No importa cuánto cariño uno sienta por las tiras de El Santos. No importa qué tanto se admire el humor de Jis y Trino. Eso no basta para que valga la pena ver la película. Es algo que los creadores de la película no consideraron. Sí, señores, todos queremos al Santos, pero, de todos modos, ustedes tenían que hacer bien su trabajo.
Entrados los primeros 10 minutos de El Santos vs. la Tetona Mendoza esta reseñista se dio cuenta de que estaba viendo el descarrilamiento en curso. No había manera de reírse de eso durante los 90 minutos. Chiste tras chiste de caca, de mocos, de chichis... Una fijación escatológica que dura desde el primer minuto hasta el final. Al parecer, Augusto Mendoza, guionista, sólo se sabe un chiste. No hizo ningún esfuerzo creativo de emular el humor ácido y surrealista de la tira cómica. Cuando parece que la película va a agarrar camino, otra vez: caca, mocos y chichis.
¡Y la música, por Dios! De lugar común en lugar común: si el Santos se mete en una alucinación, lo acompaña Jefferson Airplane, el grupo por antonomasia de los paraísos químicos. Si el Santos tiene que entrenar a fondo para un encuentro épico, le ponen el tema de Rocky. Los Zombis de Sahuayo se reproducen si los partes en pedazos (como las escobas Mickey Mouse en Fantasía). ¿Cuál es el fondo musical de esa escena? El mismo que el de Mickey en Fantasía.
Lynn Fainchtein, musicalizadora y motor creativo detrás de este desafortunado proyecto, no tiene imaginación. Y Alejando Lozano, el director, es una nulidad. Lozano había mostrado talento para la comedia en Matando cabos. Con El Santos la cosa tan se le va de las manos que parece que no estaba presente.