Primera parte

Al Vaticano no le gustan los cambios. A lo largo de su historia ha combatido verdades científicas que contradecían alguno de sus dogmas y su consecuente visión del mundo, perseguido diferencias y disidencias como herejías, o condenado al infierno o a la excomunión a portavoces de ideas y creencias peligrosas . En defensa de su doctrina, ha recurrido a tribunales y múltiples tribunas: la Inquisición; sermones parroquiales, pastorales o encíclicas. Hoy cuenta además con la comunicación globalizada y los foros internacionales para impulsar su visión, condenar los peligros de otras, e influir en la opinión pública con recursos tan terrenales como la información y la desinformación.

En este siglo XXI, un fantasma preocupa a la jerarquía católica: la ideología de género , engendro que atribuye al feminismo (desde Simone de Beauvoir), la academia norteamericana y la comunidad LGBTTI. Según advierten encumbrados voceros, ONGs y portales de Internet católicos, esta ideología representa un grave peligro para la familia, la sociedad y la paz mundial . Para algunos es incluso comparable al nazismo y otras ideas políticas probadamente destructivas.

Pese al progresismo que se le atribuye, el Papa Francisco ha retomado el tema casi como su predecesor archiconservador Benedicto XVI: así, por ejemplo, en 2015 declaró que la ideología de género es una equivocación de la mente humana y niega el plan de Dios . ¿Por qué? Porque se trataría de un sistema de pensamiento que niega la diferencia sexual , que pretende otorgar a las personas la posibilidad de crearse a sí mismas y negar por tanto al Creador y que supone una peligrosa puesta en cuestión, o ataque frontal, a la familia, la maternidad, el sentido del matrimonio y del amor.

El problema con las afirmaciones en que se basa tan severa condena es que se refieren a un espantapájaros construido a base de des-información y distorsión: la teoría de género, que es el objeto de la indignación vaticana, no postula ni la inexistencia de la diferencia sexual ni ataca a la familia en sí, ni postula la auto-generación. Cuestiona, sí, la creencia en una esencia femenina o masculina, la desigualdad entre hombres y mujeres en la familia y en la sociedad tradicionales, el concepto de que sólo es aceptable la unión amorosa heterosexual y la afirmación de la maternidad como destino. Cuestiona, pues, la visión más ortodoxa que idealiza a la familia patriarcal como pilar de la sociedad, que adjudica roles de género inmutables a hombres y mujeres y que, al ignorar los avances de la ciencia, niega que la diversidad sexual forma parte de la condición humana. Por sólo dar un ejemplo, biológicamente la definición del sexo es muy compleja y, más que de dos compartimentos estancos, hay que hablar de un continuum entre uno y otro.

Al condenar así mismo el concepto de que el género es una construcción social , el Vaticano?parece creer que la biología (en su versión dual) es destino y desconoce el vínculo entre sexo y género que los estudios de género problematizan pero no niegan. Lo que éstos han demostrado es que cada sociedad atribuye distintas cualidades, funciones, obligaciones, expectativas al ser hombre o al ser mujer, a partir de la diferencia sexual, y configura cómo se es o debe ser hombre o mujer, conceptos que cambian en distintas sociedades y a lo largo de la historia.

Por otro lado, atribuir la ruptura de matrimonios malavenidos, el recurso al aborto, el reconocimiento de la propia homosexualidad, etc. a esa supuesta ideología o al feminismo, es ignorar que se trata de fenómenos sociales y vivencias personales que responden a realidades y necesidades humanas, mucho tiempo reprimidas y existentes antes del siglo XX . Achacar a una teoría social con bases científicas interdisciplinarias el fomento del desorden social y descalificarla como ideología es un recurso burdo, indigno de quienes dicen transmitir un mensaje de paz y verdad. Lamentablemente, ante cambios sociales y descubrimientos científicos que ponen en duda los dogmas del status quo, es más expedito descalificar que abrirse a otros saberes.