Como dijo Vicente Leñero, todos hemos visto a esas parejas mayores. Quizá en una banca de parque, quizá en un café: él lee el periódico, ella teje; ambos en silencio, pero juntos. El silencio de una pareja que ya no tiene nada que decirse, dice Leñero, porque han alcanzado una comunicación más profunda, una que no requiere de palabras. También puede ser que, de verdad y sin parábolas, ya no tienen nada que decirse: han alcanzado otro nivel de la soledad.

De una pareja así va La visita del ángel, una de las mejores obras de teatro del Leñero dramaturgo. Una nueva puesta de este bonito texto se presenta en el Círculo teatral, espacio multicultural de la Condesa.

Gastón Melo hace del abuelo, Concepción Márquez de la abuela. Los encontramos una tarde cualquiera en su casa por el rumbo de Potrero, en el norte de la ciudad de México.

¿Una tarde cualquiera? En realidad, es una tarde especial: los viejitos esperan la visita de su nieta Malú (Carolina Miranda y Estefanía Hinojosa alternan el papel). Malú es una muchacha descocada que habla hasta por las orejas y que es un bálsamo de ruido para los abuelos.

 

El ángel

Cierto es que a las personas mayores poco a poco se les va dejando fuera del círculo familiar. Inclusive, en un país tan de familia muégano como el nuestro, a los abuelos se les relega. Una visita al mes y hemos cumplido con nuestro deber.

No los escuchamos, porque sus monólogos ya nos suenan reiterativos, porque ya nos sabemos sus anécdotas, porque creemos que de este mundo de minuto en minuto van saliendo de escena.

Los abuelos de La visita del ángel son afortunados, a su modo: se quieren todavía, su relación no es mera costumbre o conveniencia. Mientras ella cocina, él le lee las noticias que le suenan más ridículas. Leñero construye bien a estos dos, que no hablan mucho, pero están presentes el uno para la otra.

Y entonces llega Malú, un remolino. No cesa de contar historias cada vez más inverosímiles. ¿Qué quiere esconder? Aquí y allá la nieta menciona a un tal Toño: se nota, está enamoriscada... de Toño, un hombre casado. La abuela alcanza a leer detrás de la algarabía de Malú y en una pausa le advierte a la niña: Esos hombres nunca se divorcian .

La nueva puesta en escena de la obra la dirige Raúl Quintanilla. El texto es bonito, es de Leñero, pero la dirección es errática, cosa que se nota sobre todo en el trabajo de Carolina Miranda, quien representó el papel de Malú en la función que esta reseñista vió. Gastón Melo y Concepción Márquez son actores a prueba de fallos; la maestría que tienen sobre las tablas se nota desde el primer minuto. Sobreactuada, Miranda es más ruidosa que otra cosa: es una gritona y llorona típica de escuela teatral. Su personaje está diseñado para ser simpático; en su caso, la nieta es desesperante, al borde de hacer la pieza naufragar.

Uno de los detalles más lindos de la puesta en el Círculo Teatral es que, al tratarse de teatro de cámara (el foro es pequeño, íntimo), uno está dentro del departamento de los abuelos. Las sillas mismas en las que se sienta el público están sacadas de diferentes juegos de comedores. Sillas de madera que parecen de otro tiempo, precisamente como uno debe sentirse en la casa de los abuelos.

Esta versión de La visita del ángel es recomendable sólo para aquellos que nunca han visto una obra de Leñero; el punto fuerte es el texto, y en segundo lugar, las actuaciones de Melo y Márquez. Esperemos que a quien vea la obra a partir de esta reseña le toque un ángel menos gritón y más conmovedor.

Círculo teatral?

Veracruz 107, Condesa?

Jueves y viernes, 8:30 pm.

Sábado, 6 y 8 pm.

Domingos, 6 pm?

Entrada: $250

[email protected]