La novela La casa de belleza de Melba Escobar fue etiquetada en Inglaterra como la respuesta femenina a la serie de televisión Narcos. La historia es un thriller que nos habla de diversos temas sociales como la corrupción, el machismo y los estragos sociales del narcotráfico en Colombia, temas que, confía la escritora, son compartidos con México y el resto de América Latina

La trama gira en torno a Karen, una estilista de Cartagena que se muda a Bogotá en busca de mejores condiciones económicas, pero que al llegar no sólo consigue trabajo aplicando cera en una estética de clase alta, sino que también se convierte en la clave para resolver la muerte de una de sus clientas.

El mundo de los salones de belleza —nos dice la escritora—, es toda una institución en Colombia, es un espacio en donde se comparten intimidades y se hacen complicidades. El contexto es un espacio confesional pero también es objeto de análisis feminista: “La mujer se vuelve objeto, porque es un producto que se fabrica en la mediada de los recursos que tienen para invertir en él”.

La estética también es un espacio donde se establecen complicadas relaciones de rivalidad, por ejemplo, entre las señoras de la clase alta de toda la vida de Bogotá (con apellidos ilustres), que: “Les aterra tener que compartir el espacio con una nueva Colombia de mujeres nuevas ricas”, y así una serie de cambios que generó el dinero del narco: sacudió las capas sociales y “cambió una estructura social bastante arcaica que tenemos acá”.

Para la creación de la trama, Melba se documentó a través de diversos casos de corrupción y feminicidios de su país: “Karen termina siendo un chivo expiatorio y el hecho es que tanta información la perjudica. Y es víctima de un sistema corrupto donde la justicia se compra con dinero. Es un retrato descarnado desesperanzador pero son mujeres fuertes y valientes que intentan de alguna manera, con sus armas, hacer justicia pero tristemente no es favorecedor. Buscaba hacer un retrato del momento, una fotografía de lo que estamos viviendo y que puede temer muchas semejanzas con lo que vive México con temas de machismo y de corrupción”, nos dice la autora.

Al preguntarle a la escritora colombiana sobre las herramientas que tienen las mujeres fuera de la ficción, para enfrentar un mundo desigual, nos contestó lo siguiente: “Yo te puedo hablar desde Colombia. Lo que pasa es que las mujeres tenemos pocos modelos de femineidad desde el poder. Hay una relación aun débil y frágil, entre la mujer y el poder. Los símbolos de mujeres a destacar son actrices y modelos… mujeres que brillan con su cuerpo, estética y simpatía, pero muchas veces no tenemos tantos otros modelos como mujeres científicas o en la política, que destaquen por su intelecto y simpatía y eso nos hace seguir a tientas, buscando una identidad de un modelo de obediencia, de ser esa que está parada para ser esposa para, de alguna manera, seguir por un camino predeterminado, y eso me parece fabuloso siempre y cuando sea de libre elección. Pero no tenemos la libertad de elección, y debemos tener, como seres humanos, el abanico de opciones que tienen los hombres”.

Por último, la escritora agregó que es importante ver el papel que tiene la mujer en las estructuras de poder: “Lo que estamos viendo es la posición de las mujeres menos favorecidas, que es la más dramática, pues, a menos educación, las mujeres son más propensas a ser víctimas del machismo. Pero al mismo tiempo hay que mirar cómo las mujeres están impactando las estructuras de poder y cómo están entrando con una agenda propia y con un mensaje. Y cómo esas voces son necesarias, porque hemos sido una minoría en la literatura, y las historias han sido contadas desde el enfoque masculino y por personajes masculinos. Y es vital que entendamos a la sociedad desde la perspectiva femenina”.

@faustoponce