En el mundo mítico griego, la ambrosía (que no se sabe qué es, pero diversas fuentes la identifican con el ámbar, la miel, el vino, con una hierba e, incluso, con un hongo alucinógeno, propiciatorios de la inmortalidad) era el alimento de los dioses; para la taxonomía moderna, al alimento de los dioses se le conoce vulgarmente como chocolate, del náhuatl xocolatl: xoco, agrio ; atl, agua : bebida agria.

Tal manjar es un derivado de las semillas procesadas del cacaotero, el cacao (del maya cacau: cac, fuego rojo ; cau, fuerza : la fuerza del fuego rojo) con el que los pueblos del México antiguo elaboraban una bebida energética, propia de las clases dominantes, un tanto distinta a las de hoy en día, pues su ingesta era fría, aderezada con chile y, según el gusto, zapote, vainilla y algunas flores, en vez de caliente, dulce, combinada con leche o sólida.

Cuenta la leyenda que Quetzalcóatl (no hay que olvidar que el Quetzalcóatl teotihuacano, tolteca y mexica, es el mismo que el Kukulkán maya) le roba el fuego a los dioses (igual que el griego Prometeo) y lo siembra en Tula, pidiéndole a Tláloc (dios del agua) que lo alimente con su lluvia, y a Xochiquetzal (diosa del amor) que lo adorne con sus flores. Así nace el primer cacaotero, cuyas semillas, el cacao, les proporciona la fuerza del fuego de los dioses a los hombres tras tostar, moler y prepararla con agua, alimento tanto para vivos como para muertos.

Se dice que Moctezuma era un gran bebedor de chocolate y el grano de cacao también se utilizaba como moneda de uso corriente entre los pueblos precolombinos.

Por ejemplo, un esclavo -versado en canto y baile- valía de 4,000 a 2,400 semillas; un guajolote, 200; los favores sexuales de una alegradora, entre 50 y 30, mientras que el jitomate (que en un momento de su maduración, de igual forma, da la idea de un fuego rojo parecido al que seguramente propicia el calor y la fuerza a los dioses) mantenía la paridad comercial con el grano del cacaotero.

También se sabe que Moctezuma le invitó, al menos, el contenido de una vasija de chocolate a Hernán Cortés antes de perpetuarse la Conquista, y el español sólo tuvo palabras de elogio para con la bebida, tanto así que, en 1528, es uno de los primeros regalos que le hace al Rey de España Carlos I de Habsburgo, iniciando con ello una lenta propagación del chocolate en las cortes europeas, en donde le cambian su sabor agrio por dulce, mezclándolo con miel o azúcar.

Para el siglo XVII, el chocolate es utilizado en varios países tanto para la degustación de las clases adineradas, como para usos medicinales; para el XVIII, gana en hegemonía el chocolate solidificado sobre el líquido, y el naturalista sueco Carl Nilsson Linaeus, padre de la taxonomía moderna, lo nombra Theobroma cacao (del griego Theobroma: theo, dios ; broma, alimento : alimento de los dioses ); para el XIX, se cultivan árboles en diversas regiones del planeta y para el XX, se industrializa y nacen emporios trasnacionales que comercializan el xocolatl (cada cual con sus propias fórmulas y recetas), ya para su consumo popular, ya como un artículo de lujo.

En la actualidad, sin embargo, México perdió la hegemonía de productor del mejor chocolate del planeta, aunque mantiene la oferta de esclavos -el salario mínimo, los trabajadores informales, los inmigrantes en Estados Unidos o las plazas que ofrecen los diversos cárteles dan cuenta de ello-, aunque sigue compitiendo en la oferta de alegradoras -que es otra forma de esclavitud-, guajolotes, conejos y jitomates.