Digamos que estás en una reunión familiar y tu papá empieza a contar un chiste. Sabes que es un tren a punto de descarrilarse, porque conoces a tu papá y sabes que no tiene gracia para contar chistes. Sin embargo lo quieres y lo apoyas. Pero aunque tratas con todas tus fuerzas de reírte con sinceridad, la verdad es que no puedes. La risa no se obliga ni con el cariño.

Eso pasa con El Santos vs. la Tetona Mendoza, la adaptación fílmica de la famosa tira cómica de Jis y Trino, los moneros más famosos de México. No importa cuánto cariño uno sienta por las tiras de El Santos, que marcaron tantas infancias y adolescencias en los 80 y los 90. No importa qué tanto se admire el humor de Jis y Trino. Eso no basta para que valga la pena ver la película. Es algo que los creadores de la película no consideraron. Sí, señores, todos queremos al Santos, pero de todos modos ustedes tenían que hacer bien su trabajo.

Entrados los primeros 10 minutos de El Santos vs. la Tetona Mendoza esta reseñista se dio cuenta de que estaba viendo el descarrilamiento en curso. No había manera de reírse de eso durante los 90 minutos. Chiste tras chiste de caca, de mocos, de chichis . Una fijación escatológica que dura desde el primer minuto hasta el final. Al parecer Augusto Mendoza, guionista, solo se sabe un chiste. No hizo ningún esfuerzo creativo de emular el humor ácido y surrealista de la tira cómica. Cuando parece que la película va a agarrar camino, otra vez: caca, mocos y chichis.

¡Y la música, por Dios! De lugar común en lugar común: si el Santos se mete en una alucinación, lo acompaña Jefferson Airplane, el grupo por antonomasia de los paraísos químicos. Si el Santos tiene que entrenar a fondo para un encuentro épico, le ponen el tema de Rocky. Los Zombis de Sahuayo se reproducen si los partes en pedazos (como en Fantasía, cuando Mickey Mouse y las escobas). ¿Cuál es el fondo musical de esa escena? El mismo que en Fantasía, cuando Mickey Mouse y las escobas.

Lynn Fainchtein, musicalizadora y motor creativo detrás de todo este desafortunado proyecto, no tiene imaginación. Y Alejando Lozano, el director, es una nulidad. Lozano había mostrado algún talento para la comedia en Matando cabos. Con El Santos la cosa tan se le va de las manos que parece que no estaba presente.

Me parece innecesario aludir a una trama tan mal lograda. Hay un desorden de personajes que tenían que salir porque son parte de la tira cómica (hay algunos cameos de personajes de otras tiras cómicas de Trino). Si querían recurrir a todos esos personajes y a una secuencia sin parar de sketches, eso habría estado mejor que el resultado final, una historia sin pies ni cabeza que afirma una cosa y luego se desmiente, traicionándose a cada momento. Ejemplo: en algún momento el Santos confiesa que solo se acomoda en su taza , o sea, no puede hacer del baño en cualquier lado. Lo que sigue es que lo vemos bajarse los pantalones para soltar los intestinos bajo cualquier provocación. ¿Por qué? Porque hay que hacer chistes de caca.

Todo está mal en El Santos vs. la Tetona Mendoza, incluido el doblaje. Daniel Giménez Cacho porque es él y porque, dicen Jis y Trino, les pidió de favor salir en la cinta, recibió la encomienda de darle vida al Santos. El resultado no podía ser peor: un Santos sin barrio, sin personalidad, completamente falso. Giménez Cacho cree que siendo él mismo es muy chistoso. ¿Se acuerdan del papá contando un chiste en la reunión familiar? Así es Giménez Cacho como El Santos.

Todo el resto del reparto, tan lleno de estrellas, es intrascendente. Muy notables excepciones: José María Yázpik como el adorablemente insoportable Peyote Asesino, y Héctor Jiménez como el compañero incansable del Santos, el Cabo. La actuación de ambos es lo único que brilla entre tanta ineptitud.

A los seguidores de El Santos, un consejo: mejor compren la colección de la tira cómica que editorial Tusquets como parte del marketing de la película. El Santos vs. la Tetona Mendoza debe ser olvidada para siempre, que es lo que esta reseñista hará en cuanto ponga el punto final de este texto.

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