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Arte e Ideas

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El Nueve

Se presentó el libro Tengo que morir todas las noches, sobre el mítico bar de la Zona Rosa.

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Atrás de un escenario enrejado, dos boxeadores se tiraban golpes de tanteo. El público que estaba del otro lado de la reja, la mayoría rindiéndole honores a Baco y a los dioses del humo, de pronto empezó a gritar ¡beso, beso, beso! y, mientras más se animaba el coro, también los pugilistas se golpeaban con más fuerza.

Ésta es, probablemente, la imagen más antigua que tengo de El Nueve, un bar gay de la Zona Rosa que, en la década de los 80, gracias a los buenos oficios y mejores amistades de Rogelio Villareal, que en ese entonces editaba la revista La regla rota, convenció a Henry Donnadieu, dueño del negocio, de que los jueves por la noches organizara fiestas no sólo con la comunidad habitual del sitio hoy consideradas míticas.

Así, con el pretexto de un concierto, de un performance o de cualquier tipo de festividad ligada a La regla rota, Donnadieu abría una barra libre de un ron que era metralla pura, pero, cabe agregar, nadie se quedó ciego y, sí, en cambio, servía desinhibir a los bugas así les decían a los heterosexuales y, por qué no, ayudarlos a salirdel closet.

El término buga, según fuentes no fidedignas que se repiten en Internet, deriva de Bugambilia, que era un restaurante capitalino que durante el porfiriato le prohibía la entrada a los homosexuales; de ahí que el gay llame al heterosexual buga, como un diminutivo despectivo de bugambilia , mientras que el Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua ofrece dos acepciones para definir el término: ADJ. coloq. Heterosexual. ?2. SUPRAN. Entre homosexuales, hombre que desempeña el rol activo al practicar el coito .

El caso es que en dichas fiestas se reunían jóvenes que en ese entonces rondaban entre los 15 y 20 años de edad que, con el paso del tiempo, se convirtieron en figuras importantes de la comunidad cultural del país y del extranjero. A vuela memoria recuerdo a los artistas conceptuales Gabriel Orozco, Rubén Ortiz, Diego Toledo y José Miguel González Casanova.

También, en ese segundo piso de la Zona Rosa, bebieron y bailaron muchas veces los pintores Franco Aceves Humana, Néstor y Héctor Quiñones, El Taca, Claudia Fernández y Víctor Guadalajara; los cineastas Emmanuel y Alejandro Lubezki, Carlos Marcovich, Carlos Cuarón, Hugo Rodríguez y Salvador Aguirre; los músico José Alberto Arean, Gabriela Ortiz, Fratta, Manuel Rocha, Los Jaguares (entonces llamados Las Insólitas Imágenes de Aurora), los de Café Tacuba, Rita Guerrero y Leoncio Lara; los directores escénicos Rodrigo Johnson y Carlos Warman; la fotógrafa Laurena Toledo, la bailarina Andrea Chirinos, el arquitecto Mauricio Rocha y los escritores Eduardo Vázquez, el Dr. Bolavski, Naief Yeyha, Ana García Bergua, Gustavo Marcovich y, por supuesto, los colaboradores de La regla rota.

En alguna ocasión yo llevé a El Nueve a los filósofos Fernando Savater, Héctor Subirats y José María Espinasa y, si bien los reventones eran memorables, también la expulsión del paraíso: a quienes se peleaban adentro del antro o quienes le quemaban las patas al diablo recibían unas golpizas salvajes por parte de los cadeneros del lugar para, una vez sometidos, ser arrojados por las escaleras hasta la calle.

En dicho bar, también conocí a la mujer más guapa del planeta, Marisela, que sobra decir que antes había sido hombre; me besé con una chica oriental, a la que aún sigo buscando en el barrio chino de la ciudad de México, la calle de Dolores, para saber si lo nuestro fue real o imaginario.

Tuve una novia que me engañaba con su novio de Cuernavaca y, cierta noche, luego de ligarme a dos actrices, debí esconderme por una temporada en Playa Paraíso, Guerrero, porque sus amigos estaban muy, pero muy enojados conmigo.

Tales imágenes vienen a cuento porque la semana pasada se presentó en el Museo del Chopo el libro Tengo que morir todas las noches, de Guillermo Osorno, editado por Debate, obra que aún no compró salir por la noche a ciudad Mancera se ha convertido en algo insoportable , pero he leído que se trata de una relatoría de lo que fue El Nueve de 1974 a 1989, año en que cerró para siempre su puerta.

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