Por cuarta y quinta ocasión desde 1979, el Premio Pritzker de Arquitectura, considerado como la distinción de mayor prestigio para la disciplina en el mundo, con una evidente hegemonía masculina, invistió a las mujeres. Sin embargo, fue la primera vez que la condecoración se entregó a dos arquitectas, toda vez que este día el jurado del laurel se decantó por las irlandesas Yvonne Farrell y Shelley McNamara, directoras del despacho Grafton Architects y de la Bienal de Venecia 2018, mismas que se han convertido en las edificadoras número 47 y 48 de la historia a las que a su nombre le será agregado, indeleble, el de la distinción.

El premio les fue concedido “por la integridad y el enfoque en cada uno de sus edificios, así como la manera en la que llevan a cabo su trabajo, su creencia en la colaboración, la generosidad hacia los colegas, especialmente evidenciadas en eventos como al Bienal de Venecia 2018; su compromiso inagotable con la excelencia en la arquitectura, su compromiso con el medio ambiente, su capacidad de ser cosmopolitas al mismo tiempo que se abrazan de la singularidad de casa lugar en el que trabajan”, según el acta del jurado.

La página del galardón internacional destacó la sobriedad de sus edificios, la comunión con el entorno y la riqueza que esta modestia le confiere en una era en la que la arquitectura debe volver a lo humano. Edificios como el Campus Universitario UTEC, construido en Lima, Perú, en 2015; la sede del Departamento de Finanzas de Irlanda, en Dublín, edificado en 2009, o el Centro de las Artes Solstice, construído en 2007 en Navan, Irlanda, son prueba de esa sobriedad de vanguardia, se destaca.

Los anteriores son solamente una prueba de los 40 años de práctica profesional en los que han levantado aproximadamente la misma cantidad de construcciones en su natal Irlanda, el resto del Reino Unido, Francia, Italia y Perú.

Town House, Kingston University. Foto: Cortesía
Town House, Kingston University. Foto: Cortesía

“La arquitectura puede ser descrita como una de las actividades culturales más complejas e importantes en el planeta. Ser una arquitecta es un privilegio enorme. Ganar este premio es un maravilloso espaldarazo para nuestra fe en la arquitectura. Gracias por el tremendo honor”, dijo Yvonne Farrell después de enterarse del fallo.

“Dentro del espíritu de una práctica como la nuestra, a menudo hemos luchado por dar espacio a la implementación de valores como el humanismo, lo artesanal, la generosidad y la conexión cultural con cada lugar y con texto en el que trabajamos. Por lo tanto, es extremadamente gratificante que este reconocimiento se nos otorgue a nosotras, a nuestra práctica y al cuerpo de obra que hemos logrado producir durante un largo número de años”, complementó McNamara.

El Premio Pritzker le fue conferido por primera vez a una mujer en 2004 cuando se anunció para la arquitecta anglo-iraní Zaha Hadid. Seis años más tarde, en 2010, lo recibió la japonesa Kasuyo Sejima, junto con Ryūe Nishizawa. Finalmente, antes de esta cuarta y quinta mención, en 2017 le fue entregado a la arquitecta española Carme Pigem, junto a Rafael Aranda y Ramón Villalta.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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