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Día Internacional de la Mujer: manifestantes claman justicia ante violencia de género
Las familiares de las víctimas encabezaban la marcha. Elisa Loyo, Mireya Montiel, Viridiana Morales, Daniela Mabel, Eugenia Machuca y Manuela Rosales eran algunos de los nombres que mencionaban en su camino.

Las mujeres desplegaron una manta a lo largo de Palacio Nacional, donde se lee un mensaje con letras ensangrentadas “México feminicida”. Foto: Elizabeth Albarrán
El verde y morado eran los colores que redundaron en los principales vagones del metro en la línea 2. Parecía que todas se conocían, se hablaban entre sí. No era un día cualquiera, no había gritos ni empujones para entrar al vagón. Había sororidad.
La mayoría bajó en la estación Revolución, donde pareciera que se gestaba una, pero en vez de armas, había carteles con diamantina, guitarras, tambores y un bullicio de voces femeninas.
Apenas era la 1 de la tarde y la Plaza de la República ya estaba casi llena. Las jacarandas combinaron con las miles de mujeres que se reunieron no solo para conmemorar el 8 de marzo, sino para exigir que se acabe la violencia contra las mujeres en el país donde al día mueren 10 de nosotras.
Los tambores empezaron a retumbar. Las familiares de las víctimas encabezaban la marcha. Elisa Loyo, Mireya Montiel, Viridiana Morales, Daniela Mabel, Eugenia Machuca y Manuela Rosales eran algunos de los nombres que pronunciaban en su camino.
¡Justicia!, clamaban los familiares y remataron con “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”.
En las calles aledañas, llegaron más mujeres: niñas, jóvenes y de la tercera edad. Algunas llegaban con el rostro cubierto porque “las ideas no tienen rostro”, se leía en los carteles que alzaban con orgullo. También había hombres: padres, hermanos, amigos... apoyando o también estorbando. Se les gritó “fuera hombres, fuera hombres”.
El contingente se detuvo sobre avenida Reforma. Se dieron tiempo para identificarse. A la derecha se escuchó a las estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UNAM , quienes lanzaron un ¡Goya, Universidad! Del lado izquierdo se oyó a un grupo que desplegó una manta morada que decía “Crianza feminista”. También se escuchó a un grupo que representaba a las trabajadoras del hogar. “Convenio 190, trabajadoras del hogar: presentes”.
Avanzaron. El sol no daba tregua, pero las gargantas secas y los cuerpos calientes no se rindieron. Niñas sobre los hombros de sus mamás o cogiéndoles la mano, también se unieron a la lucha contra la violencia: “Vivan las niñas: libres y seguras”.
Los que miraban al contingente avanzar sobre avenida Juárez se les hacía una invitación: “señor, señora no sea indiferente se mata a las mujeres en la cara de la gente”.
Llegando al Zócalo capitalino, se observó una asta sin bandera y rodeada de cruces rosas, donde se leía #Niunamenos. Sobre el piso, alrededor del asta estaban los nombres de mujeres asesinadas o desaparecidas.
Las mujeres se dirigieron a Palacio Nacional, donde la puerta principal estaba protegida por policías. Aglomeradas, las feministas enviaron un mensaje claro al presidente Andrés Manuel López Obrador que ha denostado y comparado a los movimientos feministas con grupos conservadores y neoliberales.
“AMLO escucha, las mujeres están en lucha”.
Desplegaron una manta a lo largo de Palacio Nacional, donde se leía un mensaje con letras ensangrentadas “México feminicida”.
No hay respuesta.
Inició la euforia. Grupos de mujeres tiraron las bardas que se pusieron para proteger la catedral y gritaron consignas a los policías que empezaron a aventar gases.

En la explanada, una mujer con un megáfono gritaba que había infiltrados, seguido de ello se escucharon cuatro petardos que fueron aventados en la puerta principal de Palacio Nacional.
Algunas corrían otras se quedaron alzando su puño derecho y gritando: “El Estado opresor es un macho violador”, “quién fuera puerta o monumento”.
Sí, quizá hoy ni mañana con el paro nacional se acabe la violencia en el país, pero el mensaje es poderoso: las mujeres ya no están solas y entre nosotras nos apoyaremos. No más silencio, no más sumisión. “Si nos tocan a una, respondemos todas”.
kg

