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Arte e Ideas

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Del otro lado del espejo

La literatura es el vertedero de las imaginaciones, se sirve de todos los temas para construir islotes o continentes, de remar entre los charcos o de adentrarse en el océano.

La literatura es el vertedero de las imaginaciones. Se sirve de todos los temas para construir islotes o continentes, de remar entre los charcos o de adentrarse en el océano.

Mauricio Molina (1959) es un narrador privilegiado que se desliga de las ‘tramas de moda’, léase textos sobre teiboleras y narcos, para dedicarse a construir una ficcionalidad enrarecida, de mundos paralelos, de sociedades secretas o de acciones fantásticas. La prosa del autor de Telaraña o de Años luz tiene la eficacia de aquello que se escribe con el pleno dominio de la palabra.

Molina juega con la ambigüedad. Espacios que de pronto nos sorprenden porque nos ubican del otro lado del espejo. Eso es lo que está plasmado en La trama secreta: Ficciones , 1991-2011 (FCE, 2012).

El conjunto de relatos habla de un escritor poco habitual en las letras nacionales, porque Mauricio Molina trabaja sus textos hasta convertirlos en fina orfebrería, en donde los temas fluyen con intensidad. Todo esto entre botellas de vino tinto, sexo de amplia intensidad, ropa a la moda y charlas que se saborean; los personajes de Molina están situados en un limbo extraño, por ejemplo ese aspirante a escritor que termina por atravesar el infinito en ‘Teoría del fantasma’. La propuesta, de alguna manera, termina por hermanarse con ‘El secreto del doctor Honigberger’ de Mircea Eliade.

Algo que parece evaporarse en la literatura mexicana es la imaginación, se bordea, se esquiva y se termina por sepultarla en el jardín trasero. La diferencia con Molina, y eso queda claro en esta antología La trama secreta , es la capacidad del escritor por instalarse en el corazón mismo del imaginario para crear mundos en unas cuantas páginas. Todo late en un territorio de apariencia ‘normal’, que de pronto da un vuelco y estamos en un viaje sin fin, en una aventura en donde la muerte es una de las convidadas principales. Tal pareciera en esos relatos que un Dios bromista, que si juega a los dados, a diferencia del de Einstein que nunca lo hacía, hace un desdoblamiento de sus poderes y los personajes terminan por abismarse en geografías inmediatas sin retorno posible. En esos textos las cosas se eslabonan para otorgarles otro sentido, para buscar la paradoja del ahora que simula el pasado y el presente.

Molina había sorprendido a la crítica con su novela Tiempo lunar, texto impecable que mostraba la categoría del escritor polígrafo que lo mismo se enfrenta al relato, que al ensayo, que al texto dramático del cual es un logro La ballerina y el clochard . Por otro lado, cuando Molina regresa del ‘otro lado del espejo’, por ejemplo en Postales del más allá , consigue un relato autobiográfico que es un homenaje a su padre.

Entonces, el ovillo de lo cotidiano, de lo que filtra su propio tiempo, aparece con una belleza exultante cuyos bordes están en la infancia y su memoria. El vigor de la palabra en la expresión justa son características habituales de la literatura de Molina, que se instala en la lista de la primera fila en donde convive con Juan Villoro, Álvaro Uribe o Sergio González Rodríguez. Narradores cuya originalidad radica en que sus temas fluyen sin medida, en la vastedad de temáticas diversas, siempre tratadas con el lustre de la inteligencia. La trama secreta es un libro magnífico que exige su lectura inmediata, sobre todo porque nadie puede evadirse de los placeres de la contundencia literaria, y eso es lo que logrado Mauricio Molina con sus relatos.

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