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De público, paseantes y protestas
Para distinguir en pocas palabras al inicio de esta 39 edición del Festival Internacional Cervantino de sus más recientes predecesoras, se puede decir que hay menos gente en la calle y más adentro de los teatros.
Para distinguir en pocas palabras al inicio de esta 39 edición del Festival Internacional Cervantino de sus más recientes predecesoras, se puede decir que hay menos gente en la calle y más adentro de los teatros.
El Festival se inauguró el miércoles pero el jueves, dicen los locales, el ambiente callejero no era muy distinto que el de un jueves cualquiera. Fue hasta el viernes en la noche que comenzó la marea y, aun así, ésta no alcanzaba los niveles de otros cervantinos.
El sábado por la noche, un espectáculo callejero en la Plaza de San Fernando, no muy distinto a los que en otras ocasiones han llenado el espacio casi por completo, tenía apenas la mitad de la gente.
Que haya mucha gente tratando de ver la función del Teatro Juárez, en ese caso Una flauta mágica, nada tiene de raro. Pero que el teatro efectivamente se llene a tope sí que es extraño, ya que suelen quedar algunos asientos vacíos a causa, muy probablemente, de cortesías regaladas y no aprovechadas por los beneficiados.
Vaya, hasta el Salón del Consejo Universitario con un programa de música contemporánea, con el Cuarteto Vertavo, estaba casi lleno, a pesar de lo dificultoso del acceso en domingo, día en que la Universidad está cerrada (justo es decir que algunos, pero pocos, no regresaron tras el intermedio).
Hace unos días, llegaron correos de parte de Annonymus citando a una protesta pública en la Plaza de la Paz a las 12:00 pm del sábado.
Quién sabe si sean los Annonymus que hackearon un montón de sitios hace poco -dijo Citlali la noche anterior-, pero nosotros ya organizamos un performance y mandamos cuantas copias pudimos .
Desafortunadamente, hubo otro que se organizó para protestar en otra plaza, la del Teatro Cervantes, así que los de la Plaza de la Paz se vieron a las 12 y fueron a buscar a los del Cervantes haciendo su performance.
mlino@eleconomista.com.mx