Tópicos como la inmigración o la arquitectura decadente de la Ciudad de México son asuntos recurrentes en la XVII edición de la Bienal de Fotografía que realiza el Centro de la Imagen. Lo que de verdad trasciende esta vez es que esos temas reciben un nuevo giro con la energía de fotógrafos más jóvenes y, algunos, provenientes de otros países.

Abunda la autobiografía. Por ejemplo, el trabajo de la argentina Luján Agusti, quien con la serie Salva tu alma cuestiona sus propias creencias, ella, que se considera atea, se enfrenta a la fe como quien se da un chapuzón bautismal.

Brenda Moreno también aborda su propia vida con una composición en la que reúne a los miembros de su familia en torno a un caballo que ella considera también parte de la familia. Una foto antigua de su abuelo es el pretexto de la obra: una imagen que su abuela llevaba siempre en la cartera en la que el abuelo había escrito: Cuando te sientas triste, míralo y piensa que estoy junto a ti .

Un gran acierto de la bienal es que cada obra está acompañada de un pequeño texto en el que el artista explica y muchas veces narra el origen de su trabajo. También hay instalaciones, objetos y videos.

Una de las composiciones -un collage- más fascinantes es de Jota Izquierdo, que toma una serie de memes y fotos de Lory, el vendedor ambulante de Valencia que se volvió rapero famoso gracias a YouTube. Entre las varias imágenes están las tomadas de la campaña viral #FreeLory, cuando el rapero/ambulante fue detenido por no tener permiso para vender en la calle.

Otro ejercicio similar hace Gladys Serrano con su serie Mario: toma fotos publicadas en las redes sociales del gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, mejor conocido como Malova, en las que se le ve bonachón, y las contrapone con diversos textos que reflejan la verdadera cara, más adusta, del político. Un ejemplo: sobre una foto donde se le ve como hombre de familia un texto dice que Malova prohibió los narcocorridos, aunque en su campaña le gustaba bailarlos. Mario es una fuerte crítica al poder.

Nahatan Navarro explora las caras del abandono. Su serie consiste en retratos de indigentes que viven en bodegas abandonadas. ¿Cómo llegaron ahí?, se pregunta el fotógrafo. ¿Cuál era su historia?

Otra pieza fascinante es de Gerardo Landa: Suicidio público . Landa fotografió los andenes -totalmente vacíos- exactos donde han sucedido suicidios los dos últimos años. Junto a cada foto, documenta con notas periodísticas los hechos: un hombre de 50 años que se arrojó, quizá, por no tener empleo; una madre e hija que se arrojaron juntas; otra madre que saltó junto con su bebé de cuatro meses (la nena sobrevivió).

Cada obra de la bienal merece atención. Algunas son mejores, pero todas hacen un esfuerzo por contar una historia. No hay obra ininteligible ni pretenciosa. Tienen todavía hasta marzo para verla.

concepcion.moreno@eleconomista.mx