Exponer sobre Sergio Pitol es extenderse a los muchos temas que el nacido en Puebla en 1933 cultivó a lo largo de su vida: desde la cualidad camaleónica de su trabajo literario y su amistad con muchos de los grandes intelectuales latinoamericanos del siglo XX, hasta su habilidad para las lenguas y su prolífico trabajo como traductor de autores como Henry James, Joseph Conrad, Jane Austen y Antón Chéjov; pero también su aporte como agregado cultural a las embajadas de la URSS, Hungría, Francia y Polonia, así como su responsabilidad como embajador de México en Checoslovaquia de 1984 a 1987.

Por ello, el Museo de la Cancillería se sumó a los homenajes para el escritor fallecido en Xalapa, Veracruz, el pasado 12 de abril, a través de la muestra Sergio Pitol; viajes, letras, mundo.

Pitol contado por Pitol

La exposición engloba todos los aspectos fundamentales de la vida del autor de El arte de la fuga. Hay extractos de sus críticas de arte y de los libros en los que hablaba sobre sus amigos, como Carlos Monsiváis, de quien hay un par de fotografías de juventud, en una junto a José Emilio Pacheco, y una más, en febrero de 1995, de ambos durante los diálogos de paz con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

“(Durante la universidad conocí) en una revista en la Preparatoria nada menos que a Carlos Monsiváis, uno de mis  más entrañables amigos, a quien debo entre otras cosas el haberme puesto a escribir en serio”, se puede leer en una de las fichas que acompaña esta serie de imágenes.

También se expone una misiva que un Pitol en los albores de su carrera literaria remitió a Alfonso Reyes en 1953 para agradecer una carta de recomendación en la que el regiomontano destacó sus "claras aptitudes intelectuales, buena cultura, seriedad y asiduidad en el estudio”.

Hay, además, un apartado, como si fuera una pequeña galería de arte plástico, con piezas de artistas como Juan Soriano, José Luis Cuevas, Vicente Rojo y José Clemente Orozco, con quienes tenía afinidad estética y sobre quienes hizo referencia en alguna de sus vastas publicaciones.

“Imagino pocos actos capaces de producirme placer igual al de la pintura (…). El entusiasmo por lo visual se filtra casi en todo lo que he escrito”, es posible leer en otro extracto montado sobre el muro en este apartado de la exposición.

Recuerdos de un hombre de mundo

Más adelante es posible observar portadas de las novelas de Pitol traducidas al alemán, chino, francés, inglés, italiano y portugués. También las traducciones que hizo de muchos de los clásicos europeos. Junto a ellos, un fragmento de su discurso de recepción del Premio Cervantes e imágenes de la entrega de manos del entonces Rey Juan Carlos I. Y una cartografía de su paso por las distintas embajadas europeas, acompañada de imágenes de sus estancias, muchas de ellas inéditas.

En otro apartado, como parte de la memorabilia más reciente del homenajeado, fotografías de un Pitol, siempre sonriente, junto a Gabriel García Márquez, Mario Bellatin, Juan Villoro y Enrique Vila-Matas en distintas latitudes y edades; recuerdos entrañables del que, a decir de Carlos Monsiváis, era “un clásico secreto de la literatura mexicana”.

Sergio Pitol; viajes, letras, mundo permanecerá en el Museo de la Cancillería, República del Salvador 47, colonia Centro, hasta el próximo 12 de agosto.

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