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Cuando Pavarotti estremeció Bellas Artes
Pavarotti puso de cabeza el Palacio, a los técnicos, músicos y funcionarios. Y contamos la historia a propósito del quinto aniversario de su muerte, ocurrida el 6 de septiembre del 2007 a causa de un cáncer de páncreas.

Si Dios cantara lo haría como Pavarotti , exclamaron quienes lo escucharon ese día afortunado en el Palacio de Bellas Artes. Era mayo de 1997. Después de su exitosa presentación en Chichen Itzá, transmitida por televisión a 219 países, el tenor estaba en la ciudad de México para ofrecer concierto En vivo en Bellas Artes.
Pavarotti puso de cabeza el Palacio, a los técnicos, músicos y funcionarios. Y contamos la historia a propósito del quinto aniversario de su muerte, ocurrida el 6 de septiembre del 2007 a causa de un cáncer de páncreas.
ALARMA TRAS BAMBALINAS
Días antes, el INBA era un hervidero de gente que deseaba que el concierto de Luciano Pavarotti resultara el mejor. Además, el cantante quería que su concierto se extendiera de la Sala Principal a la plaza de Bellas Artes para que lo escuchara más gente de los 2,000 que era el aforo en esos años.
Ante estos apremios, el doctor Gerardo Estrada -a la sazón director general del INBA- reunió a su Estado Mayor -unas 80 personas- para planear el acto. Estrada fue tajante: si Pavarotti quiere ampliar el radio del concierto por qué no extendemos la red al Auditorio Nacional y al Centro Nacional de las Artes (Cenart) . Y todos temblaron.
En 1997 no era fácil, recuerda el ingeniero Humberto Terán, quien se desempeñó coordinador de audio entre el equipo pavarottiano y Bellas Artes.
Le dijimos al doctor Estrada -refiere el ingeniero- que sacar la señal al aire implicaba usar fibra óptica, para que no se la piratearan, pero en ese tiempo aunque existía no se había probado. Terán agrega: Luego tuvimos que alambrar estéreo todo el circuito porque Pavarotti quería que -ya que se iba a difundir su actuación- fuese en estéreo. Todo estaba alambrado en mono, la micro onda era mono .
OTRAS HISTORIAS
Por esos días de ajetreo ocurrió un milagro del que fueron testigos pocas personas: el maestro Manuel Yrizar -connotado operópata-, el ingeniero Humberto Terán, los miembros de la Orquesta y Coro de la Opera de Bellas Artes y algunos técnicos.
Resulta que Pavarotti llegó a un ensayo y de repente se le ocurrió que quería cantar un aria fuera de programa. Se volvió hacia los músicos y cantó hacia la orquesta. De tal modo que sólo unos cuantos pudieron escuchar el aria Che gélida manina de La Bohème.
El hecho irrepetible lo recuerda Terán con una viva emoción: Si Dios cantara, cantaría como Pavarotti . Era una voz dulcísima, cálida, aterciopelada. Yo estaba conmovido, es de ángeles esa voz. Es lo máximo que me ha pasado .
Terán refiere otras anécdotas de esa visita de Pavarotti: el tenor no podía caminar sin ayuda más de 10 metros. Se sofocaba mucho.
Por eso la distancia que debía recorrer en el escenario fue calculada para que se desplazara máximo 3 metros. Se hicieron arreglos para eso. Y así, al terminar de cantar caminaría de regreso los tres metros y ya lo estaría esperando su equipo tras el telón con una silla para que descansara.
El concierto fue un éxito. Se calcula que lo vieron unas 20,000 personas; 5,000 de las cuales estaban en la explanada de Bellas Artes aplaudiendo enloquecidas al final del acto. Hubieran estado más, pero Protección Civil de la Ciudad de México no lo permitió.
Pavarotti sabía que el público iba a estar en la explanada. Por lo que planeó que, después de su actuación, iría a saludar desde la terraza. Otro gran problema: cómo transportarlo. Alguien sugirió que se podría hacer en un carrito de golf. Se usaron dos.
Recuerda Terán que luego del concierto subimos a Pavarotti al carrito eléctrico. Y allá fuimos con él hasta el elevador. Al salir de éste, ya lo estaba esperando otro carrito para llevarlo a la terraza .
Tales fueron las peripecias de la tercera visita, de un total de seis, que el virtuoso de Módena hizo a México: 1969, 1990, 1997, 2002, 2003 y 2005. Ya no nos visitó más. Decía que tenía muchos problemas con la altura de la ciudad de México, temía por su corazón, aunque lo traicionó el páncreas. Y sí, cantaba como Dios...