El montaje de la obra de teatro La inauguración, texto original de quien después de haber sido disidente político se convirtiera en el primer presidente de la actual República Checa, Václav Havel, apunta la principal crítica que se puede hacer a la sociedad contemporánea de la globalización reinante: la pérdida de modelos de profundidad a partir de los cuales se construía el ciudadano moderno; es decir: el asesinato del pensamiento a manos del confinamiento mediático a que se somete a las masas desde los televisores.

Con una puesta en escena arriesgada que inmiscuye al espectador desde que entra al foro (mientras el público toma asiento, Hernán Mendoza calienta la voz; Nailea Norvind realiza imposibles posturas a manera de calentamiento; un grupo de técnicos afina detalles en lo largo y ancho del Foro Sor Juana Inés del Centro Cultural Universitario) el director David Psalmon retoma la visión crítica de Havel para proponer un juego interesante al espectador: lo mete en un set donde sucede algo parecido a una telenovela, un set que es la casa de una familia modelo , y en donde se nos cuenta la historia de un matrimonio, Michael (Mendoza) y Vera (Norvind), quienes reciben la visita de un amigo que a juicio de los anfitriones pasa por una situación que los preocupa.

Desde luego Ferdinand (Sergio Ramos), el amigo, desconoce a qué situación se refieren cada vez que la pareja intenta persuadirlo para que reaccione y emule las actitudes que ellos tienen como matrimonio, pues para ellos la forma en la que viven: con una decoración basada en incomprensibles y abstractas y hasta ridículas obras de arte, un estilo sofisticado; Michael es un hombre fornido, con clase y garbo; Vera es una mujer sensual y refinada; como pareja no han perdido la espontaneidad y el erotismo: practican el sexo como salvajes; Vera cocina platillos exquisitos; ambos se han compaginado a tal grado que a nivel discursivo hablan con las mismas frases, las mismas palabras, el mismo tono y ritmo.

Es preciso decir que los actores están fenomenales. La escenografía de Aura Gómez Arreola es fuerte y figurativa, y el video-arte preparado por Daniel Ruiz Primo Martínez es un gran acierto a nivel temático, estructural y visual

Dos elementos de la escenografía tienen una carga simbólica poderosa en donde puede ubicarse el sentido profundo de la puesta: una silla para un condenado y una pared repleta de televisores. Lo demás es fachada. Pero en esa silla, donde sientan a Ferdinand y se atreven a entrometerse en su vida como censores del buen gusto, y esa pared con pantallas desde donde se ha modelado a esa pareja entrañan la metáfora de una sociedad sin cabeza, sin ideas, sin reflexión, en la que a aquellos individuos que se atrevan a poner en duda los convencionalismos son condenados al silencio, a la locura o a la muerte.

Ha escrito el connotado filósofo español Eduardo Subirats la siguiente serie de ideas en uno de sus libros más importantes, Culturas virtuales: pantallas nos informan, pantallas nos ponen en contacto con el mundo; pantallas nos vigilan, pantallas formulan nuestros deseos . En un momento histórico en el cual parece que la vida es construida como un espectáculo a gran escala y la realidad puede reducirse y reproducirse como un simple efecto de pantalla, La inauguración se constituye como una propuesta con mucho sentido y filo crítico para voltear a mirarnos desde la televisión que hoy tenemos por cabeza.

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