La pandemia de Covid-19 cambió para siempre muchas de las actividades humanas tradicionales y básicas. Una de ellas es la educación. La manera como accedemos al conocimiento, la forma como interactuamos con profesores y compañeros de aulas no será la misma que conocimos antes de 2020 ya que el modelo de aprendizaje híbrido llegó para quedarse y será la nueva realidad educativa.

Hoy, además de la infraestructura tradicional y los servicios elementales, las universidades deben hacer esfuerzos mayúsculos por introducir o mejorar y ampliar la instalación de nuevas tecnologías y garantizar la conectividad a internet para asegurar la calidad de la educación y la transferencia de conocimiento, dice el doctor Pedro Flores Leal, recién nombrado vicerrector de Operación Institucional de la Universidad Autónoma de Occidente (UAdeO), en el estado de Sinaloa.

A pocos días de asumir tal responsabilidad, el vicerrector Flores Leal, doctor en Ciencias de la Administración por el Instituto Politécnico Nacional, con Especialidad en Ecosistemas de Innovación y Transferencia de Conocimiento, charla con El Economista, sobre lo que significa en su carrera este nuevo encargo después de haber estado al frente de la Dirección de Investigación y Posgrado de la UAdeO  y delinea los retos que enfrentan las universidades públicas de México en la era de la pospandemia.

“Tomo esta nueva función agradeciendo la invitación que me hizo la doctora Sylvia Paz Díaz Camacho, rectora de nuestra universidad, y con mucha responsabilidad, alineado con su visión de tener una universidad de mucha calidad, integrar tecnologías, modelos de aprendizaje híbrido, formas de hacer llegar mejor el conocimiento, y mucho compromiso con los estudiantes, de la mano con el personal docente, e impactar en variables sociales”, afirma.

Dr. Pedro Flores Leal, vicerrector de Operación Institucional de la Universidad Autónoma de Occidente (UAdeO). Foto EE: Cortesía

Uno de los retos a que se enfrentan las universidades públicas en México es la insuficiencia presupuestal para atender la agenda nacional de educación, dice Flores Leal.

Implicará “maximizar las capacidades de la universidad, ser eficientes y buscar recursos a través de proyectos y programas” para compensar esos apoyos que no están llegando o no llegarán por la vía del presupuesto ordinario.

“Pero dejando de lado el tema presupuestal, -señala- lo más importante es cómo asegurar la calidad de la educación, darles herramientas a los estudiantes, proveer el contexto para que puedan aprender, es decir cumplir lo que se define en cada programa educativo y garantizar que el perfil de egreso se cumpla en esta nueva realidad educativa que implica tener un modelo de aprendizaje híbrido”.

“A raíz de la pandemia, el internet se vuelve ya un recurso básico porque es necesario implementar un sistema de aprendizaje híbrido, es decir, capitalizar mucho el internet, plataformas de aprendizaje, sistemas de videoconferencias, porque no puedes tener grupos numerosos, si antes tenías grupos presenciales de 30 o 40 estudiantes, ahora cuando mucho podrán ser 15, pero debes atender también a quienes toman sus clases en línea sin comprometer la calidad ni el desarrollo del estudiante”.

El vicerrector comenta que aun cuando quede atrás la contingencia sanitaria, el modelo híbrido de aprendizaje, que combina actividades presenciales con operaciones en línea, será ya una realidad irreversible en el ecosistema educativo. “Hoy estamos viendo que muchos estudiantes tienen deseos que reanudar las actividades presenciales pero también se han habituado a realizarlas en línea”, porque han resultado en algunas áreas muy favorables para el desarrollo de los estudiantes y para los profesores, por ejemplo la posibilidad de contar con docentes de otras latitudes, el intercambio con otras universidades u ofrecer conocimientos en comunidades alejadas donde no se cuenta con capital humano especializado.

Además de buena conectividad, otro reto que enfrentan los modelos híbridos de aprendizaje es contar con equipos que permitan el desarrollo óptimo de las actividades en línea, computadoras, laptops, tablets, tanto para para los docentes como para los alumnos. Actualmente se estima que más del 50% de los estudiantes usa su celular para realizar sus actividades y son contadas las universidades públicas en el país que cuentan con cobertura total de internet de banda ancha en sus planteles, indica. “Nosotros estamos cercanos a alcanzar la meta de tener internet en todos los salones”.

“Entonces se requiere mucha inversión en tecnología, en fibra óptica, banda ancha, plataformas de contenido, etc., y precisamente es ahí donde está el reto para muchas universidades, porque para ello se necesitan recursos considerables, y también se requiere mucha creatividad e innovación”, apunta.

Dice que aún es prematuro calcular la pérdida o atraso generado por la pandemia en cuanto al cumplimiento de los objetivos programáticos, sobre todo en aquellas disciplinas donde la actividad presencial es indispensable y se requieren laboratorios, pero en otras se estima que hubo avances y se dio un salto cualitativo que favorecerá el aprendizaje, la adquisición de competencias y habilidades en el mediano plazo. 

jose.deanda@eleconomista.mx