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Breve adiós escrito a Rita Guerrero
Conocí a Rita Guerrero hace poco más de 20 años en una fiesta. Entonces ella no era cantante sino una joven estudiante de la carrera de teatro en el CUT, como lo eran casi todos los que estaban en aquel departamento.

Conocí a Rita Guerrero hace poco más de 20 años en una fiesta. Entonces ella no era cantante sino una joven estudiante de la carrera de teatro en el CUT, como lo eran casi todos los que estaban en aquel departamento.
Extrovertida, simpática, inteligente, recuerdo que Rita acaparó la conversación en un momento. Decía que si existía envidia del pene, seguramente nosotros tendríamos envidia de los senos que, sin duda, eran mucho más bonitos y tenían propósitos más nobles.
Más allá de rescatar la anécdota por su un tanto macabra ironía, ahora que ella ha muerto por cáncer de seno, lo hago porque la única otra cosa que recuerdo de aquella fiesta da una idea de qué tipo de persona era. Rita estaba buscando a un guitarrista para cantar, ¡oh, sorpresa!, porque definitivamente no daba el tipo, canciones de Silvio Rodríguez. Muchos, aprovechando su apellido, le han dicho, y sobre todo en los últimos tiempos, que estaba librando una batalla, guerrera .
Pero Rita era mucho más que eso. Luchona sí era, y mucho. Solidaria y con preocupaciones sociales, también.
Pero, más que ganas de pelear, eso era más bien una consecuencia de su inagotable interés, destacaba su enorme apetito por la vida y el arte. El que suscribe esta nota (entonces estudiante de guitarra clásica) se ofreció como guitarrista, más por el interés de colaborar con aquella chica tan interesante (y guapa) que por otra cosa.
La colaboración nunca se hizo, y la siguiente vez que me la encontré ya era parte y cabeza de Santa Sabina. Fue en otra fiesta, una donde su grupo estaba dando un concierto para ayudar a unos estudiantes de biología a recaudar fondos para alguna buena causa.
Yo era uno de esos estudiantes, pero recuerdo que no hizo falta decir cosas como yo soy amigo de fulano o de zutano, a los que conoces . Ella había accedido con sólo decirle: Necesitamos que nos ayudes. Así era ella.