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Arte e Ideas

Lectura 5:00 min

Allen Ginsberg se hace adulto

Este miércoles y el siguiente se hará una lectura pública de Aullido ; Diego Luna lee, Jaime López musicaliza y Sergio Zurita dirige.

Siempre he pensado que Aullido es el equivalente poético a una bildungsroman, una historia de pasaje de la infancia a la vida adulta, una declaración de esa libertad que uno se descubre a sí mismo por primera vez.

Allen Ginsberg se convirtió en un adulto mientras escribía su opus magnum y al leerlo lo conocemos volviéndose adulto a lo largo del poema. No solo eso: a través de Aullido vemos a toda la generación beatnik convertirse, poco a poco, en adultos… Adultos que nunca renunciaron a su locura juvenil, que fueron siempre como un fuego que no encontraba consuelo y tan perdidos, tan perdidos… Hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con la estrellada dínamo de la maquinaria nocturna como Ginsberg lo pone bellamente.

(Todo Aullido es bello, pero esa frase resume un modo de ser que es eterno y que no le perteneció sólo a los beatniks, pero que sin duda fueron quienes mejor lo encarnaron en el siglo XX, sólo ellos vieron la noche y la ciudad como si estuvieran contemplando jazz ).

Aullido está dividido en tres partes. El comienzo del poema es seguramente la frase más conocida de la obra y quizá la más conocida de toda la literatura beatnik: Vi a la mejores mentes de mi generación destruidas por la locura… . Es el tipo de frases que la gente se tatúa en el pecho.

La primera instancia de Aullido , salpicada aquí y allá de humor, es un recuento en clave de la vida y andanzas de los miembros de la generación beat. Es un brindis por cada uno de los amigos de Ginsberg, por aquel que se dejó follar por el culo por santos motociclistas y gritó de gozo; por aquella vez que distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desnudándose mientras las sirenas aullaban por ellos; y por lo que, finalmente, perdieron sus efebos por las tres viejas arpías del destino: la arpía tuerta del dólar heterosexual, la arpía tuerta que guiña el ojo fuera del vientre y la arpía tuerta que no hace más que sentarse, más que sentarse en su culo y cortar las hebras intelectuales doradas del telar del artesano.

Si uno lee con lupa esa parte del poema se puede saber o adivinar a quién se refiere cada línea. Probablemente el que se retiró a México a cultivar un hábito es Jack Kerouac. El que se desvaneció en la nada zen Nueva Jersey y se fue a Tánger en busca de muchachos es William Burroughs. La referencia más clara son las iniciales N.C.: Neil Cassady, el héroe secreto de estos poemas , poeta, ladrón de coches, bala perdida.

La segunda parte es la épica de la juventud de Ginsberg, la lucha de Ginsberg y de los que son como él contra el monstruo de Moloch. Moloch, el poder. Moloch, la sociedad. Moloch, the Man. A Moloch según la tradición de varias culturas antiguas se le sacrificaban niños. Los mismos niños perdidos y dementes que crecieron con Ginsberg. ¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación? Se lamenta y pregunta el poeta. El monstruo devora almas es Moloch y de Moloch no hay otra ruta de escape que la locura eterna.

Locura que Ginsberg conoció de primera mano. En rockland, un hospital psiquiátrico, en el que Ginsberg estuvo internado a los 22 años.

Llegamos a la tercera parte de Aullido . Como en toda novela de crecimiento el héroe encuentra a su maestro. Ese maestro para Ginsberg fue Carl Solomon, poeta. Ginsberg y él se conocieron en rockland y es Solomon a quien todo Aullido está dedicado. Toda la tercera parte es un crescendo, una oda a Solomon acentuada por la frase Estoy contigo en Rockland . El texto crece, se acelera y al final, lo que se siente es libertad, la libertad de la supervivencia.

Esa supervivencia es celebrada con una nota al pie con letanía muy alegre: ¡Santo el mar santo el desierto santa la vía férrea (…) santas las visiones santas las alucinaciones santos los milagros (…) santo el abismo! . Santo todo, sagrado porque se puede ver, vivir y consignar en la literatura. Un éxtasis final: ¡Santa la sobrenatural extra brillante inteligente bondad del alma! .

A diferencia que le resto del poema, que es una revisión del pasado, la nota al pie es una exhilarante vista al futuro. El Ginsberg que entró al poema a finales de los 40 no es el mismo que lo termina en 1955. La aventura de crecer está completa.

Todas las frases transcritas de Aullido en este texto fueron tomadas de la versión del poema convertida en novela gráfica por Eric Drooker publicada por Sexto piso. Los miércoles 21 y 28 de noviembre habrá una lectura dramatizada de Aullido en el Teatro Helénico. La lectura del poema completo la hará Diego Luna. El poema va acompañado de música compuesta e interpretada por Jaime López, canciones originales que van acentuando el espectáculo escénico. La dirección está a cargo de Sergio Zurita.

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