Para la mayor parte de la gente, ser acusado de mentiroso sería una tremenda ofensa, para el cineasta español Alex de la Iglesia es más bien un orgullo, porque el cine es una gran mentira , dice.

De la Iglesia está en San Luis Potosí, en el Festival de Letras, unas horas antes de que su nueva película, La chispa de la vida, protagonizada por la mexicana Salma Hayek y el español José Mota, se proyecte al aire libre en la Plaza de Arazazú.

La cola para entrevistarlo es larga, y mientras se desahoga, De la Iglesia muestra que si bien ya tiene los títulos de Historietista, Guionista, Productor, Director y Editor (además del que sí tiene papel, en Filosofía), bien podría presumir uno de Entrevistado.

Para todo mundo tiene respuestas ingeniosas e interesantes.

Por ejemplo, de pronto, ante una pregunta anodina, comenta: Hacer cine es como hacer el amor y querer que te aplaudan. Tú en realidad quieres pasarla bien y estar en la intimidad con la chica, pero al mismo tiempo tienes esta vitrina y la gente ve lo que haces … no debería importante su opinión, solo la tuya y la de ella .

Por fin llega el turno de este reportero.

Estás en el Festival de Letras, pero a veces, cuando uno ve tus películas pareciera que tu intención es ocultar que existe un guión, que las cosas son así. ¿Es esa tu intención?

Hombre, qué bonito, gracias. Por supuesto que es la intención. Hace años, hablando con un amigo sobre directores, yo le decía que me gustaba Hitchock, y él decía que prefería a Howard Hawks con un argumento que me pudo mucho, decía que ‘no se le veían las ruedas’. En sus películas la historia te arrastra y no tienes tiempo de pensarlas, de verles el truco y, sobre todo, no se ve al como director. Hitchcock en cambio está siempre presente. Lo ves hasta en un fotograma de una película suya. No sé qué forma prefiero, pero si que me siento orgullo cuando me dices que no tienes tiempo de descubrirle el truco.

Porque el cine es truco, todo es mentira. Estamos un grupo de gente, cansados, con unas focos alrededor de otras personas que fingen una historia y cuando por fin acabamos nos vamos a dormir y ni siquiera nos hablamos. Llega un momento de asombrosa comunión y de mentira y conseguir que eso parezca realidad es asombroso.

Creo, como Lumiere, que es una ficción, una mentira que ayuda a vivir.

¿QUÉ DISFRUTAS MÁS, ESCRIBIR, DIRIGIR, MONTAR (EDITAR)?

(Tras comentar que las disfruta igual pero solo porque puede convertirse en tres personas distintas, una para cada rol, dice) Hay una secuencia de la que estoy muy orgulloso en mi papel de montador, con Alejandro Lázaro, con quien siempre hago ese trabajo. En Balada de triste trompeta hay una secuencia en la que cae un jabalí a través de un agujero, se confronta con el protagonista, él sale corriendo y el jabalí le seguía.

Ni había jabalí, ni cayó por el agujero, ni siguió al protagonista. Teníamos un jabalí de plástico, al jabalí real no había manera de tumbarlo, hacía un frío atroz, el actor estaba desnudo y en proceso de congelación, y no hacíamos más que repetir la toma con el jabalí, el jabalí, que además, el de verdad, era muy violento y estuvo a punto de matarnos a todos y romper la cámara varias veces. No conseguí nada. Y en el proceso de montaje, con tomas del jabalí en reversa e incluso en un momento en que la cámara rodó cuando no queríamos, logramos dar la impresión de que sí había ocurrido lo que queríamos.

Hablabas con mis colegas del humor, pero el humor requiere de una cierta espontaneidad que parece imposible que no se pierda con todos estos procesos.

Exacto. Es una mentira más. Todos mentimos, los actores, el director de fotografía, el productor, todos. Y la única manera de sobrevivir a esa mentira es con humor. Hay que trampear a la gente.

Pero el cine es un negocio y en eso tal vez hay que ser serio.

Soy un negociante sin dinero. No manejo el presupuesto de una película. Tengo que convencer a los demás de que inviertan en ella. Tengo la desgracia de gastarme mi sueldo desde antes de empezar a rodar. Genero así una angustia que me obliga a rodar. Entonces hay que mentir otra vez, engañar al productor…

AHORA TE DEBE SER MUY FÁCIL PERO…

No creas que es fácil. Mi primera película la produjo Almodóvar, tuvimos 13 semanas de rodaje, la siguiente, 11; la siguiente nueve; la siguiente, ocho, y esta la he rodado en siete. Me imagino que la próxima la rodaré en cuatro. No me quiero quejar, soy un privilegiado, muchos amigos míos no pueden rodar.

En esta última pedí arrodillado una semana más. Me dijo Andrés: Tú sabes que no te voy a dar una semana más, tú sabes que puedes hacerlo todo esta noche . Y le dije: Son 15 páginas de guión, tú me dirás cómo se hace eso . Me dijo me lo vas a decir tú, porque lo vas a hacer, eres un gran director .

¿Y CÓMO HICISTE?

Mandé a mi ayudante a rodar aparte, le dije rueda tú y luego me los enseñas, rodamos tres secuencias a la vez, además nos estaba lloviendo. Una cosa delirante.

Muchos cineastas oirán esto y dirán eso es rodar , y efectivamente. Rodar es sacar la película adelante con los medios que tienes.

¿QUÉ TE IMPULSA A HACERLO, A SEGUIR ADELANTE?

Lo que más me cuesta ahora es decidir por qué voy a luchar. Antes, de joven, inviertes tu energía, tu físico tu cerebro con una alegría increíble, dices vamos a hacerlo y lo haces. Ahora eres consciente de todo esto, del dolor que vas a ocasionar, de que vas a invertir dos años de tu vida y que no los vas a invertir en otra cosa, y que igual te equivocas desde la hora de elegir el proyecto.

Eso es lo que más me cuesta, elegir, porque además ahora todo está tan complicado que mueves cuatro o cinco ideas a la vez, a ver cuál de ellas sale. Me genera una confusión enorme. Me ha pasado que tengo que parar todo e irme a una habitación a oscuras con un tremendo dolor de cabeza. Me ha ocurrido y está bien. Forzar la máquina es bueno, desgraciadamente para mí, pero bueno para la historia.