Todos conocemos lo que sucedió arriba durante y por el terrible terremoto que azotó a la CDMX en 1985 y las miles de historias alrededor de los ciudadanos que arriesgaron su vida para salvar a otros.

Pero Jorge Michel Grau decide ir bajo los escombros con su película 7:19: va a esas tumbas de concreto que sepultaron a miles de inocentes. Aquí no hay héroes, sólo dos hombres diferentes que luchan por sobrevivir.

La película cuenta la historia de Fernando (Demián Bichir), un político, y Martín (Héctor Bonilla),?velador en una supuesta secretaría de estado en la CDMX que se viene abajo justo a las 7:19 horas de aquel 19 de septiembre de 1985.

La película abre con una larga toma (plano-secuencia) continua en el lobby del espacio donde la gente saluda y en la que no pasa nada hasta que comienza el terror y la tragedia que vino de quién sabe dónde.

Así, la cámara serpentea en planos asfixiantes, en algún momento cambia de formato la pantalla y se muestra lo que tal vez sucedió bajo toneladas de piedras, donde el miedo y el dolor se pasean.

La idea era hacer que la gente se sintiera encerrada; ahí, entre los escombros, y por eso usamos muy poca luz. Queríamos que se sintiera el miedo y todo lo que sucede ahí , expresó Jorge Michel Grau, quien tiene en su carrera una película de caníbales a la mexicana.

Un coro de voces de gente atrapada entre los escombros acompaña a los dos personajes principales que dialogan sobre la hija de uno o la soledad del otro, y por un momento discuten de política, donde el viejo velador se pelea con el político ambicioso que por favorecer a un pariente permitió la corrupción; todo es parte de un guión elaborado por el propio director y el escritor Alberto Chimal.

El trabajo actoral de Bichir Bonilla es extraordinario al permanecer en el suelo , sin mayores adornos ni movimientos que los de su rostro polvoriento donde sólo con sus gestos transmite la pesadilla de saberse enterrado vivo; aunque, por momentos, la tragedia también es comedia involuntaria.

No faltarán las comparaciones con películas como la de Nicolas Cage en World Trade Center y hasta la de los mineros atrapados en Chile, pero la virtud de Grau es ir abajo y no mirar hacia arriba.

No vemos la superficie, sólo el lodo, la tierra, hierro y sufrimiento. Aquí no hay héroes, sólo personajes perdidos, mientras Jacobo Zabludovsky narra la tragedia que se vive allá arriba.

Curiosamente, la industria cinematográfica se había olvidado de 1985; después de la película Trágico terremoto de 1987 se filmó muy poco (o nada) de la tragedia.

Pero en los últimos años, los cineastas se volvieron a interesar en el tema y Jeanette Russ, cuyo guión se llama 1985, lanzó un documental; Grau y Kuno Becker terminan una versión más comercial sobre los héroes (voluntarios y rescatistas) de aquella desgracia.

Aunque actores y el director de 7:19 han politizado un poco su película con críticas y comparaciones entre el terremoto de 1985 y lo que sucede hoy en México con el gobierno, la verdad es que el interés por ver 7:19 va mucho más allá de estos temas que sólo sirven para atraer reflectores.

7:19 es una película que se defiende por su propuesta visual; la actuación de Demián Bichir como Héctor Bonilla y la visión del tema que propone Jorge Michel Grau: llevar al espectador bajo tierra y revivir el encierro, la asfixia y el dolor que miles de mexicanos sufrieron aquel 19 de septiembre de 1985, una herida que nunca sanará.

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