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Política

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Principios compartidos en la Iniciativa México

Proponen crear órgano ciudadano de observación sobre el cumplimiento de los criterios editoriales comunes, cuya forma de operar se anunciará en un mes.

Desde su arranque, El Economista se sumó al proyecto de Iniciativa México con el convencimiento de que cualquier esfuerzo es poco para hacer de nuestro país un mejor lugar para vivir.

En esta edición 2011, confirma su apoyo y reivindica el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, al hacer propios muchos de sus principios que desde hace tiempo ya son enarbolados por esta casa editorial.

En octubre del 2010 publicamos nuestro Decálogo de Cobertura de Información relacionada con la violencia. Hoy, vemos con satisfacción que muchos de los puntos que planteamos han cobrado una nueva dimensión a través del Acuerdo suscrito ayer.

Compartimos, nuevamente, el Decálogo de El Economista, como una forma de ratificar nuestro compromiso con nuestros lectores y con los proyectos constructivos para el país.

1.- La mayor aportación que El Economista puede hacer en la cobertura de los temas de violencia y crimen organizado es el ejercicio de un periodismo ético y de calidad. El público tiene derecho a estar bien informado. Nos comprometemos a garantizar ese derecho ejerciendo un periodismo sustentado en la investigación y en el ejercicio de una libertad responsable.

2.- Buscaremos alianzas con otros medios y organizaciones en defensa de la integridad del ejercicio periodístico, así como de las buenas prácticas en la profesión.

3.- Evitaremos la publicación de imágenes que atenten contra la dignidad de las personas. Ratificamos nuestro compromiso con el respeto a la privacidad y derechos fundamentales de las personas, en particular de las víctimas y los menores.

4.- De manera explícita y activa, en El Economista nos oponemos a toda apología del odio, la violencia y los actos ilegales.

5.- El Economista no se presta para que grupos o personas identificados con la delincuencia organizada difundan sus mensajes entre la población; en caso de publicar alguna información alusiva, hará una identificación explícita de los emisores del mensaje y pondrá en contexto esa información.

6.- No somos ni seremos vehículo para divulgar información no confirmada. Estamos conscientes de que una de nuestras obligaciones es no contribuir a la desinformación y al nerviosismo que deriva de ella.

7.- El Economista desarrollará un plan de protección y procedimientos para nuestros periodistas y trabajadores que procesen esta información.

8 Continuaremos con el análisis, caso por caso, de la cobertura de temas paralelos a la violencia y el crimen organizado, en especial aquellos que están relacionados con nuestros ejes temáticos principales, por ejemplo, el impacto económico generado en las sociedades donde ocurre.

9.- Reconocemos nuestra obligación, como una forma de entender nuestra responsabilidad social, de colaborar con las autoridades para fortalecer la cultura de la legalidad y el cumplimiento de la ley.

10.- La participación activa a favor del fortalecimiento del Estado de Derecho no implica una renuncia a nuestra libertad de informar. Nuestro trabajo cotidiano presupone la afirmación de nuestra independencia respecto de cualquier forma de presión. Creemos que los medios deben ser vigilantes del buen funcionamiento de las instituciones, reconociendo sus aciertos y señalando sus fallas.

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