Lectura 4:00 min
El perdón como estrategia, Leonel Narváez
El sociólogo colombiano atestiguó el fracaso de las negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla en la década de los 90. Fue una oportunidad desperdiciada porque lo que animaba a un lado como al otro era la rabia, el deseo de venganza .
Medellín, Col.- Leonel Narváez atestiguó el fracaso de las negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla en la década de los 90. Fue una oportunidad desperdiciada porque lo que animaba a un lado como al otro era la rabia, el deseo de venganza .
También hace uno años, de visita en México, advirtió que algo andaba mal, especialmente en Monterrey: Vi una ostentación exagerada, ofensiva, de los ricos y una gran corrupción judicial. Eran los ingredientes perfectos para la violencia social .
Narváez, sacerdote católico y sociólogo con maestrías en Harvard y en Cambridge, vio que había que tomar otro rumbo, que se necesitaba un cambio fundamental, que incidiera en la vida cotidiana pero también en el aparato político de su país, tan dañado por la violencia.
En el 2003 creó la Fundación para la Reconciliación, que coordina las Escuelas del Perdón y Reconciliación (Espere).
Su meta: promover el perdón como política pública y como cultura civil. Casi una década después, ha logrado reintegrar socialmente a miles de exguerrilleros y paramilitares, así como restaurar el tejido social en comunidades marginadas.
Su propuesta es revolucionaria: saca el perdón del ámbito personal y religioso para convertirlo en un asunto público y político. Quien perdona se posiciona políticamente. Deja de ser una simple víctima para convertirse en un ser victorioso que puede lidiar con todos, hasta con su victimario, en un plano de igualdad .
¿Cómo nacieron las Espere?
Durante la gestión de Antanas Mockus como Jefe de Gobierno de Bogotá, nos adentrábamos a las colonias con mayor marginación y violencia y hacíamos trabajo de socialización. Nos encontramos con muchas heridas: de pobreza, de violencia, pero especialmente de venganza. Yo diría que 50% de la criminalidad nace de la venganza.
Las altas cifras de crimen están relacionadas con sociedades que llevan una gran brecha económica y se refleja en un coraje social muy difícil de superar .
¿No es un proyecto lejano a la realidad?
En nuestra mente cohabitan dos arquetipos de humanidad: Caín y Abel. Caín representa ese 90% de nuestro cerebro, esa parte primitiva y violenta que se sale cotidianamente. Abel representa ese 10% más evolucionado que nos permite vivir en sociedad. No se trata de evitar el Estado de Derecho, sino de cambiar nuestro concepto social de la justicia: pasar de la justicia punitiva, a la restaurativa, que regresa la dignidad a la víctima y al victimario .
¿Cuál es la diferencia entre rehabilitar a un guerrillero, violento por ideología, y hacerlo con un narcotraficante, violento por poder y dinero?
Hemos hecho un análisis del narcotráfico y la violencia guerrillera y hemos llegado a la conclusión de que el proceso de reclutamiento es similar. Primero aprovechan la pobreza y la rabia de pobres contra ricos para reclutar.
El narco reparte dosis gratuitas de coca para atraer a los jóvenes, engancharlos volviéndolos adictos.
Segundo, los organizan en grupos y van formando ejércitos en los que estos jóvenes pueden ejercer la violencia.
Tercero, les dan armas baratas que les otorgan reconocimiento social y les permiten ganar dinero haciendo mandados para los cárteles, como asesinar, secuestrar, etcétera .
¿Por qué el crimen organizado despliega una violencia tan espectacular?
Para ellos, ejercer el terrorismo es una oportunidad de posicionarse y controlar su terreno. Usan el terror como estrategia de poder. Lo que acaba de suceder en Monterrey es quizá una venganza, un acto de guerra que también pone presión sobre el aparato político. Estos actos de terrorismo son típicos de las guerras entre grupos armados clandestinos que usan ciudades emblemáticas para demostrar su poderío .
El perdón, ¿no es una oportunidad para la impunidad?
A los narcotraficantes fuertes sí hay que aplicarles una solución militar-policial, pero en el caso de los jóvenes reclutas, la solución es reintegrarlos a la vida civil. Hay que aplicar ciertas amnistías, que entreguen las armas, darles un programa de educación y buscar su empleabilidad digna. Hablamos del perdón como una solución cívico-política, no religiosa .
politica@eleconomista.com.mx