Buscar
Política

Lectura 7:00 min

Desaparición forzada muestra que México es una sociedad enferma: Tania del Río

Las rastreadoras son madres, abuelas que se hacen cargo de los nietos y sustento de las familias, pero, además, se dan tiempo para buscar a sus hijos o esposos desaparecidos porque nadie más los quiere buscar, expone Tania del Río, autora del libro “Las rastreadoras. Mujeres sabueso en el infierno de un país que siembra cuerpos”.

La desaparición forzada en México es un síntoma de que somos una sociedad enferma y como en las demás enfermedades hemos dejado a las madres y esposas la tarea de cuidar al paciente. Como hay una silla vacía en sus hogares han tomado una pala, un zapapico o una varilla para salir a buscar, algunas han perdido la esperanza de encontrar una persona viva, buscan un cuerpo. Por eso se han convertido en rastreadoras que ban buscando muerte, plantea Tania del Río.

La autora del libro Las rastreadoras. Mujeres sabueso en el infierno de un país que siembra cuerpos, editado por Aguilar-Ideas, expone en entrevista que muchas de ellas son madres, abuelas que se hacen cargo de los nietos y son sustento de las familias, pero además se tienen que dar tiempo para buscar a sus hijos.

Comparte algunas ideas plasmadas en este libro que reúne crónicas, testimonios, datos duros y relatos de indignación y un asomo a lo que representa salir a buscar a una persona desaparecida teniendo el futuro roto.

¿Qué tanto se ha podido contar la historia de las personas víctimas de desaparición forzada en México y de quienes las buscan?

—Se ha abordado poco y los pocos medios que le han dado cobertura han sido más de una manera como nota caliente. Siento que no se ha logrado del todo exponer la situación en la que se está.

Estamos ante un fenómeno de crisis humanitaria. Nuestro Estado de derecho se ha visto afectado, no solamente con la militarización del país, el aumento de organizaciones criminales, reorganización de los carteles… Todo esto nos ha ido constriñendo como población en general. Prueba de ello es el desplazamiento de comunidades enteras por violencia.

—¿Qué tan bien se ha podido hacer saber de esas historias de mujeres buscadoras?

—No se ha podido hacer bien. Salvo si consultas el sitio https://adondevanlosdesaparecidos.org/ que son un grupo de periodistas que se la han rifado, fuera de eso no se ha logrado contar lo que están viviendo estas mujeres.

Son personas que están en un blanco absoluto porque primero les falla el Estado a la hora de que desaparecen a un ser querido, luego les falla porque no buscan a las personas desaparecidas. A ellas no les queda más que salir a buscar.

Muchas de ellas son madres, abuelas que se hacen cargo de los nietos y son sustento de las familias, pero además se tienen que dar tiempo para buscar a sus hijos. Son gente que han hecho escudo con su cuerpo.

No se les ha reconocido que son sobrevivientes. Es increíble la barbarie a la que se enfrentan cada día: asesinato, omisión. La mayoría, de ser amas de casa se han convertido en rastreadoras de muerte. Muchas de ellas ya han sido amenazadas.

Hay un capítulo en el libro que se llama “Desaparecer buscando” en donde hablo de aquellos que ya no están con nosotros porque precisamente buscando los ultimaron. No se ha dado el reconocimiento de cómo es buscar a un ser querido desaparecido. Ha faltado vinculación entre las organizaciones, simplemente al hacer los registros en los Semefos, panteones, fosas comunes y de personas vivas en centros de atención a adicciones o salud mental.

Nos hace falta mucha sensibilidad hacia estas mujeres buscadoras. Luego empezamos a escuchar que a quienes buscan les pasó eso fue porque andaban en malos pasos. Como si los criminales no tuvieran derecho.

Hay historias como Sandra Luz a quien un funcionario de la Procuraduría le dijo es que su hijo traía dólares. Eso no quiere decir que por eso no tiene derecho a ser buscado. Ser desaparecido a cualquier a le puede pasar. Hay el caso de una señora en Veracruz, que en la época del gobernador Javier Duarte, le levantaron a su mamá y a su hija. Y ahí anda

buscándolas.

—Hay temas que, por lo crudo, lo tormentoso, lo horroroso que son, la gente prefiere evitar saber de ellos. ¿Por qué deberíamos conceder algo de atención a estos dramas en los que están inmersas familias desechas?

—Porque a todos nos puede pasar. Hemos comprobado que las corporaciones policiacas o militares, detuvieron a personas y ya no aparecieron. Eso quiere decir que podemos ir a cualquier parte de la república y en un retén nos detienen y no tenemos seguridad de que vayamos a volver a casa.

Otra tenemos a Guanajuato que era tan pacífico, cultural y ahora hay un recrudecimiento tal que los choferes que cruzan sus carreteras saben que no deben hacer paradas ahí por lo grave de la situación de inseguridad.

La delincuencia ha evolucionado. Cada vez se dispone de una manera más atroz de los cuerpos. Antes era el homicidio, luego empezó el fenómeno de la desaparición, pero luego vino el exterminio del cuerpo: los disolvían, los calcinaban.

Hay un cúmulo de múltiples violencias. Involucra la violentación del derecho a la libertad, a la vida, a la integridad personal y al reconocimiento de la identidad personal.

Cuando se desaparece a alguien se extiende en el tiempo esa situación de violencia.

¿Cuáles son las preguntas que se hacen quienes buscan a un ser querido desaparecido y no lo encuentran, pero siguen buscando?

—No sé si alguien se haya puesto a pensar la cero cooperación de las autoridades en la búsqueda de las personas o hasta cuándo la desaparición forzada va a ser un delito que empiece a ser castigado, cuantas décadas o cuántas víctimas tienen que pasar para que realmente el Estado se organice con estrategias efectivas o hasta cuándo va a llamar a hacer alianzas entre las mismas organizaciones, corporaciones o instituciones para trabajar en conjunto empezar a hacer los registros adecuadamente o dar la atención.

Ya existe la ley de desaparición forzada. Entró en vigor desde 2018 y parece que no ha tenido gran significado.

—¿Los perpetradores son los mismos de siempre o hay nuevos perpetradores? ¿las víctimas de las desapariciones de hoy tienen las mismas características de las desapariciones de hace 10 años o 20 años?

—El fenómeno de la desaparición comenzó hecho por el mismo gobierno, cuando desaparecía a sus enemigos políticos, a los disidentes, a gente que no opinaba igual. Después el crimen organizado empieza a tomar esta forma y se agudiza después de la guerra iniciada contra el narco. No fue solo entre carteles, sino a quien se atravesaba.

—¿En México hay una política pública para atender este problema?

—Está la ley General en materia de Desaparición, pero su implementación no es efectiva. Falta mucho para que haya cooperación entre federación y estados, entre fiscalías, entre autoridades estatales. Falta la consolidación institucional y falta voluntad en las prácticas.

—¿Las consecuencias de no atender este problema lo padecen solo los que tienen la mala fortuna de padecerlo de manera directa?

—Lo estamos padeciendo todos. Estos son signos de que somos una sociedad enferma. La desaparición no es para nada normal, que haya tantas fosas clandestinas, tampoco es normal. Hay casos que nunca se han cerrado, desde los desaparecidos de Tlatelolco, los de Ayotzinapa, los de San Fernando.

¿A esta sociedad enferma, también le ha tocado atenderla a las madres y a las mujeres?

—Sí. Las mujeres, a razón de que hay una silla vacía, a razón de que no duermen, a razón de que no comen, de que no pueden cerrar esa herida, a razón que les duele todo, no les queda más que agarrar una pala un pico, juntarse una con otra y salir a buscar. Si el aparato burocrático no castiga, el mensaje que manda es que se puede volver a hacer.

Temas relacionados

Periodista mexicano, originario de Amealco, Hidalgo. Editor del suplemento Los Políticos de El Economista. Estudié Sociología Política en la Universidad Autónoma Metropolitana. En tres ocasiones he ganado el Premio Nacional de Periodismo La Pluma de Plata que entrega el gobierno federal. También fui reconocido con el Premio Canadá a Voces que otorga la Comisión Canadiense de Turismo, así como otros que otorgan los gobiernos de Estados Unidos y Perú.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas